jueves, 28 de agosto de 2008

In Memoriam: S.A.R. Don Juan Conde de Barcelona

El primero de los dos artículos siguientes se publicó en el Nº 7/8 - 1993 de Monarquía Europea, el segundo no llegó a publicarse. Sirvan ambos para rememorar a este gran hombre que debía haber sido Rey y no pudo serlo por las circunstancias históricas y políticas en España en 1977 y su personal enfrentamiento con el general Franco. Sin duda habría sido un gran Rey de España.


DON JUAN DE BORBON
por Francesc Xavier Montesa
Secretario General de la AME

A
las ocho de la tarde, en un día lluvioso y gris, las baterías antiaéreas del Castillo de Montjuic disparaban cinco salvas de artillería para anunciar a la ciudad de Barcelona algo que ya conocía Cataluña y España entera. Don Juan de Borbón, quien durante más de cincuenta años había ostentado con inigualable dignidad el título soberano de Conde de Barcelona, había muerto.

La noticia era temida pero esperada, porque todos sabíamos desde hacía tiempo que padecía un cáncer y desde hacía meses que había entrado en una fase terminal e irreversible.

La muerte del Conde de Barcelona ha servido para que el pueblo español valorara en su justa medida la trayectoria humana y política de este gran Rey sin Corona. El país entero se ha lanzado en alabanzas hacia Él y eso es realmente importante para nosotros en particular y para la sociedad española en general. Ahora vivimos en libertad y a nadie se le obliga a deshacerse en elogios de nadie, basta con el silencio para demostrar desaprobación. Pero nadie socialmente representativo ha guardado silencio ante Don Juan.

Desde el fallecimiento de su augusto padre el Rey Don Alfonso XIII, el Conde de Barcelona se puso como norte de su existencia la Restauración de la Monarquía, única Institución capaz de cicatrizar las profundas heridas surgidas de la Guerra Civil. La España que Don Juan quería, reflejada en el Manifiesto que dirigió a los españoles en Lausana, el 14 de marzo de 1948, que fue censurado por el régimen franquista, era una España democrática y constitucional, en la que se reconocieran los "derechos inherentes a la persona humana, y garantía de las libertades políticas correspondientes", abogaba por el "establecimiento de una Asamblea Legislativa, elegida por la nación", por "el reconocimiento de la diversidad regional", por "una más justa distribución de la riqueza y la supresión de injustos contrastes sociales".

Para la consecución de estos objetivos, Don Juan no dudó en renunciar a todo. Algo que difícilmente hubiera podido realizar un ser humano que no hubiera sido educado desde la cuna a poner los supremos intereses de España por encima de los suyos personales. renunció a la compañía de su hijo, quien en 1948 se trasladó a estudiar en nuestro país, a fin y efecto de que tuviera contacto y conociera la situación española, aún sabiendo que los problemas serían ingentes. Y renunció a sus derechos históricos que sólo a él le correspondían en favor de su hijo a quien de esta manera trasladó la legitimidad de origen de la que carecía. este sencillo pero generoso acto sirvió para que poco después la Constitución actualmente en vigor pudiera definir a Don Juan Carlos I como "legítimo heredero de la Dinastía histórica".

No es extraño que el real Decreto en el que se ordenaba se rindieran honores de Rey de España a Don Juan, firmado por su hijo, constituya todo un homenaje filial de respeto y cariño. "Su entrega - dice - a la causa de la libertad, la paz y la concordia del pueblo español, ejemplo de generosidad y de renunciamiento, con el deseo de mostrar la admiración y el agradecimiento que se recuerdo merecen, honrarle y reconocerle el tratamiento que corresponde a su augusta persona", para finalmente ordenar la inhumación de sus restos en el panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Su actitud sacrificada y discreta para el logro de un objetivo histórico: el consenso social y político en torno a la Monarquía parlamentaria no fue sólo reconocida en nuestras fronteras, sino también fuera de ellas, muy particularmente.

Las Casas Reales de Europa y del mundo entero quisieron rendirle tributo de respeto y admiración. Los Reyes de Bélgica, Grecia, Rumanía y Bulgaria, los Grandes Duques de Luxemburgo, el Príncipe de Gales, las Princesas Astrid de Noruega y Cristina de Suecia, la Reina Ingrid, Reina Madre de Dinamarca, el Príncipe Bernardo de los Países Bajos, los Príncipes Rainiero y Alberto de Mónaco, el Príncipe Hans Adam II de Liechtenstein, el Príncipe Mohamed de Marruecos, el Gran Maestre Soberano de la Inclita Orden de San Juan de Jerusalén, Orden de Malta, el Archiduque Otto de Austria-Hungría, el Príncipe Jorge de Bagration, Heredero de la Corona de Georgia, el Príncipe Víctor Manuel de Italia, el Príncipe Enrique, Conde de Clermont, Delfín de Francia, y un largo etcétera quisieron darle el último adiós en la Misa solemne que se celebró el día 7 de abril de 1993 en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

La preocupación e interés por nuestro país le acompañaron hasta sus últimos días. "El Rey - decía - se interesa por mi salud y por la de España."

Esta Asociación quiere suscribir como propias las palabras que S.A.R. el Duque de Calabria nos remitió al agradecernos nuestro pésame por la muerte de Don Juan. "Para España y para nosotros es una gran pérdida."

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S.M. DON JUAN III, REY DE ESPAÑA
por José Antonio Marcos Lecuona (+ 1993)


La Corona como institución histórica

No es difícil el aceptar que la Monarquía española se halla inseparablemente unida a nuestra Historia, a la que ha aportado innumerables servicios en los más variados campos que la vida en sociedad permite y que esta institución representa nuestro existir en común a través de las sucesivas generaciones asentándose en el sufragio de los siglos, mediante su adaptación, hasta llegar a nuestros tiempos de la Monarquía parlamentaria.

Por vez primera en nuestra Historia, la Monarquía se libera de todo poder político al residir la soberanía en el pueblo ejercido a través de los partidos y habernos dotado de un sistema constitucional en el que "el Rey no gobierna, sólo reina", y lo hace a través de su "autoridad" para moderar y arbitrar el funcionamiento regular de las instituciones.

No sería justo decir que lo que sea España depende de las personas que ahora tengamos el derecho al sufragio, prescindiendo del pasado y del esfuerzo y sacrificios de muchas generaciones, en pro de una convivencia más libre y más justa, quienes gracias a tan decisiva colaboración tienen el derecho a ser tenidas en cuenta, entre otros extremos por haber querido vincular a la Monarquía hereditaria a la permanencia de tan gloriosa tradición.

Eso nos permite mantener que el mayor acierto en la salida de un régimen autoritario a uno de libertades, fue la Restauración de la Monarquía, que con la lealtad del Ejército, permitió realizar la transición que demandaba el pueblo español de forma pacífica.


Un ejemplo de vida al servicio de España

La vida de Don Juan de Borbón, desde cualquier ángulo que se examine, con el debido conocimiento y rigor, huyendo de la simplificación y del sectarismo, es un ejemplo de abnegación y de sacrificio, en favor de la conservación de los derechos dinásticos que había recibido y de servicio a los españoles y a España, sin condiciones ni desmayos, pese al ambiente hostil y adversas circunstancias que hubo de afrontar.

Y ello lo comprobamos en algunas de las declaraciones que ha realizado en los 36 años de su heróico vivir desde que recibió de su padre, S.M. Don Alfonso XIII, en el año 1941, los derechos dinásticos, hasta que renunciara a ellos en favor de la persona de Su hijo Don Juan Carlos I, haciendo posible que el artículo 57.1 de nuestra Constitución proclamara a éste legítimo heredero de la dinastía histórica.

Y así resulta ocioso releer algunas de aquellas que muestran la grandeza y espíritu de servicio de esta egregia persona:
"La Monarquía presupone la ausencia de todo espíritu de bandería, por aspirar a la concordia entre los hermanos."
"El ser Rey no es un galardón, ni un honor, y si me apuráis, ni un derecho; es fundamentalmente un deber, un grave y trascendental deber de servir a España."
"Desde que Dios dispone nuestro nacimiento en el seno de una Familia Real, cargamos con una serie de responsabilidades, aparejadas a una lista de deberes y derechos. Estos últimos no pueden ser válidos en tanto no cumplamos escrupulosamente con aquellos."
"Por ello, instaurada y consolidada la Monarquía en la persona de mi hijo y heredero Don Juan Carlos, creo llegado el momento de entregarle el legado histórico que hereda."
Siendo contestado por el actual Monarca, con las siguientes palabras:

"En estos momentos de indudable trascendencia para España y para Nuestra Familia, y al recibir de Tus Manos el legado histórico que me entregas, quiero rendirte el emocionado tributo de mi cariño filial, unido al respeto profundo que siempre Te he profesado, al comprender desde niño que sobre todo y por encima de todo, Tú no me has tenido nunca otro ideal que la entrega absoluta al servicio del pueblo español."


No es fácil encontrar en la Historia de España una persona que haya llevado el cumplimiento de su deber y la custodia del legado recibido, para dotarnos a los españoles de un sistema político de derechos y libertades a tan alto grado de exigencia y sacrificio.


Justificación del reconocimiento del título de Rey a Don Juan de Borbón

En primer lugar por la guarda y custodia de un legado histórico limpio, que tenía como meta que el titular de la Corona fuese Rey de todos los españoles, cuyo servicio ha permitido que su hijo, pese a heredar importantes poderes del antiguo régimen, hiciera posible la transición, devolviendo al pueblo la soberanía y facilitando la aprobación de una Constitución en la que quedaban reducidas sus funciones a las que permite su sola autoridad en la moderación y el arbitraje, dejando el juego político a los partidos como expresión organizada del pueblo.

La condición de Padre del Rey encuentra también precedentes en la Historia, que por analogía permitirían aplicarse, al hallarnos ante un heredero legítimo de la dinastía que ha sufrido las cargas de tal herencia sin ninguno de sus honores ni gozos, recordando algunos de nuestros Reyes tras la abdicación en favor de sus hijos como p.e. Felipe V en favor de Fernando VI o Luis I, o Carlos IV en favor de Fernando VII, han pasado a la Historia como Reyes de España, o en Francia con la sucesión de Luis XVI, que a la muerte de su hijo sin reinar, le sucedió el hermano de aquel con el título de Luis XVIII por respeto al sobrino y heredero premuerto.