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sábado, 11 de enero de 2014

Legitimismo francés: Luis Alfonso de Borbón, ¿Luis XX de Francia?

por Amadeo Rey y Cabieses

Luis Alfonso de Borbón detenta un derecho al que no puede, ni debe, renunciar en virtud de las tradicionales Leyes Fundamentales del Estado, el de Jefe de la Casa de Borbón y pretendiente legitimista al trono de Francia

El 5 de febrero de 1984 hacía mis prácticas de Medicina en la Clínica Universitaria de Navarra. Ese día llegaron malheridos al Hospital de Navarra don Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz y de Anjou, y sus hijos don Francisco, duque de Bretaña, y don Luis Alfonso, duque de Touraine y luego de Anjou. Impresionados por la noticia, todos es- tábamos pendientes del desenlace. Francisco falleció y a Alfonso le costó recuperarse, destrozado por la pérdida de su primogénito.

He conocido a tres personas cercanas al duque de Cádiz: Federico Trenor, barón de Alacuás; su abogado, José Antonio Dávila; y el embajador Carlos Abella, destinado en Estocolmo cuando el duque era embajador en Suecia. Alfonso era gentil, de suaves y educadas maneras, y cierta tristeza fruto de una vida jalonada de desgracias. El 30 de enero de 1989, otra noticia convulsionó los teletipos: el duque de Cádiz había falle- cido en un accidente de esquí. Se le enterró en las Descalzas Reales, junto a su hijo Francisco. Sobre la negra lápida, tres flores de lis y, en letras doradas: «Sus Altezas Reales don Alfonso y don Fran- cisco de Borbón», con sus fechas de nacimiento y muerte. 

No podían ocupar el escurialense Panteón de Infantes. Sobre Luis Alfonso recayó el peso del legitimismo francés. En 1998 vino a una conferencia mía en el CSIC sobre Luis XVII de Francia. Le acompañaba el barón de Alacuás, albacea de su padre. Luis Alfonso asumía la importancia de cono- cer la historia de su Casa. Pero, ¿por qué el legitimismo le considera Jefe de Casa Real de Francia? Después de Luis XVI reinaron sus hermanos Luis XVIII y Carlos X. Éste, tras la Revolución de 1830, abdicó en su nieto Enrique, duque de Burdeos, sobrino del delfín Luis Antonio, duque de Angulema, que hubiera sido Luis XIX. Pero el poder lo tomó su primo Luis Felipe de Orleans, rey de los franceses, al que Carlos X había nombrado regente durante la minoría de su nieto.

El último rey reinante de Francia murió en 1836 y Luis Felipe, catorce años después. El rey «de iure» «Enrique V» murió en 1883. «Luis XIX» no tuvo hijos de María Teresa, hija de Luis XVI y María Antonieta. Enrique, conocido como conde de Chambord, tampoco los tuvo de María Teresa de Módena. En 1873, cuando, durante la presidencia de Mac- Mahon, se le ofreció el trono, aceptó régimen parlamentario, constitución, estatuto real parte de la legislación fran- cesa y no superior a ésta, separación de poderes, bicameralismo, libertades civiles y religiosas... pero no renunció al uso de la bandera blanca de los Borbones. En el Castillo de Chambord vi la carta en la que manifestaba su fidelidad a esa bandera así como la carroza adquirida por el conde de Damas para entrar en París. A su muerte, los derechos pasaron a Juan de Borbón, conde de Montizon –«Juan III», pretendiente carlista a la Corona española y a la de Francia–, «aîné des Capétiens». Se basaba esta sucesión en las Leyes Fundamentales del Estado y en la indisponibilidad de la Corona. El rey de Francia no puede designar sucesor, abdicar, ni renunciar a una corona que sólo administra. El delfín, en virtud del «ius filiationis» y del «ius primogeniturae» comparte esa obligación («ius conregnandi»). Felipe V fue siempre reconocido, incluso por Luis XIV –carta de éste al Parlamento de París de 1 de febrero de 1701–, como príncipe de la sangre y heredero de la Corona de Francia en caso de extinción de la rama principal. La renuncia de 5 de noviembre de 1712 y el Tratado de Utrecht –firmado para conseguir la paz– fueron nulos en esta materia como opuestos a las citadas leyes. Así lo afirmó Jacques-Antoine de Mesmes, presidente del Parlamento. Con él coincidían Saint-Simon, Condé y hasta Voltaire. Luis XVI llamaba a Carlos IV «Jefe de la Segunda Rama de la Casa de Francia» y así lo defendió ante los Estados Generales en 1789 el embajador español en París y lo corroboró la Constitución francesa de 1791. Chambord legó sus bienes al duque de Madrid, quien, al fallecer «Juan III», pasó a ser «Carlos XI». Al morir en 1909 le sucedió «Jaime I» (III de España para los carlis-tas). Había tomado el título de duque de Anjou y le sucedió su tío Alfonso Carlos, «Carlos XII», du- que de San Jaime y de Anjou. Mientras, los Orleans eran considerados por muchos monárquicos franceses como detentadores de los derechos a la corona.

Pero el legitimismo tenía sólidos argumentos. Al morir Alfonso Carlos en 1936 sin descendencia de sus dos matrimonios, Alfonso XIII se convirtió en el agnado de los Borbones y de iure en «Alfonso I» de Francia, colocando el escusón de las armas plenas de Francia en las suyas. Don Alfonso, que recibió el collar del Espíritu Santo de su primo «Jaime I», tuvo cuatro hijo varones y dos hijas. Muerto Alfonso, conde de Covadonga, y luego Alfonso XIII, el segundo de sus hijos, Jaime, duque de Segovia, se convirtió en duque de Anjou y en jefe de la Casa de Francia como «Enrique VI» (se llamaba Jaime Enrique). Al fallecer en 1975 su hijo el duque de Cádiz, de Anjou, de Borbón y de Borgoña, pasó a ser «Alfonso II de Francia». Su muerte hizo que Luis Alfonso, «Luis XX de Francia», detente unos derechos inalienables. Su obligación es llevarlos con la misma dignidad, estoicismo y discreción que hasta ahora. 


30 DE ENERO DE 1989 


El duque de Cádiz, don Alfonso de Borbón, fallece en un accidente 


EL REY DE FRANCIA 
No puede designar sucesor, abdicar, ni renunciar a una Corona que sólo administra. 


EL PRETENDIENTE 
Luis Alfonso de Borbón, casado con Margarita Vargas, es el pretendiente legitimista al trono de Francia 

Amadeo Rey y Cabieses es doctor en Historia
y miembro d ela Junta Directiva de la Asociación Monárquica Europea

Publicado en La Razón el 28/12/2013





Secretos de los reyes de los franceses

por Amadeo Rey y Cabieses


Título vinculado a personajes secundarios de la familia real francesa, a partir de la aparición de Felipe, hermano de Luis XIV, esta original dinastía dio a la monarquía gala célebres mecenas y artistas 

SS.AA.RR. los Condes de París
En abril de 2011 el Ayuntamiento de Palermo me invitó a dar una conferencia allí con motivo de la restauración de los jardines del palacio de Orléans, recientemente restau- rados. El edificio, sede presidencial de la Región de Sicilia, perteneció a los Orléans hasta mediados del siglo XX. En él residió durante su exilio siciliano, de 1808 a 1814, Luis Felipe de Orléans, luego rey de los franceses, casado con Amelia de Borbón, hija de Fernando I de las Dos Sicilias. Fue después de Enrique de Orléans, duque de Aumale, más tarde de Luis Felipe Roberto de Orléans, duque de Orléans, y de él pasó a su hermana la reina Amelia de Portugal. En él se casó en 1931 Enrique, con de de París, con su prima Isabel de Orléans-Braganza de quien más tarde se separó. Diserté sobre los Orléans como mecenas, coleccionistas, amantes del arte y ar- tistas ellos mismos. En el castillo de Chan- tilly, que fue de los Montmorency, de los Borbón-Condé y luego del citado duque de Aumale, aprecié la espléndida pinacoteca y la rica biblioteca que allí se conserva, una de las más importantes de Francia. Ana de Orléans, duquesa de Calabria, gran acua- relista, me contó en su casa, con enorme amabilidad, de las aptitudes artísticas de su familia para la pintura, la escultura, la literatura o la música. Hace poco asistí a la inauguración de una exposición de su hija Inés de Borbón-Dos Sicilias, que ha here- dado esas dotes artísticas.



Imitados

Desde el siglo XIV, cuando Felipe VI creó el título de duque de Orléans para su hijo Felipe de Valois, lo han ostentado segundones de la familia real de Francia. Algunos reinaron, como Luis XII –hijo del duque Carlos I de Orléans, el príncipe poeta, y de María de Cléveris– y el citado Luis Felipe, rey de los franceses, «por la gracia de Dios y la ley constitucional del Estado». Ese estilo de denominación se imitó luego por los reyes «de los belgas, de los búlgaros, de los helenos o de los albaneses». El ducado de Orléans fue «recreado» varias veces por los Valois. En época borbónica lo llevaron dos hijos de Enrique IV, Nicolás Enrique y Gastón.

S.A.R. Juan Duque de Vendôme
Pero es Felipe, primer «Prince du Sang», duque de Orléans, Chartres, Nemours y Montpensier, príncipe de Joinville, herma- no de Luis XIV, quien constituirá no sólo el tronco de la actual casa de Orléans –Phili- ppe Erlanger le llamó «el abuelo de Euro- pa»–, sino un ejemplo de la originalidad de esta familia. Le sucedieron varios Felipes y Luis Felipes hasta quien se hizo llamar desde 1792 «Felipe Igualdad». Radical y diputado de la Convención, firmó a favor de la pena de muerte para su primo Luis XVI, lo que no le evitó ser guillotinado por sus colegas jacobinos en 1793. Su hijo Luis Felipe vivió en Suiza, Estados Unidos, Inglaterra y Sicilia y reinó desde 1830, tras el destronamiento de su primo Carlos X. Liberal, «Rey Ciudadano o Burgués», adoptó la bandera tricolor ajena a la tradición borbónica.

En 1848, Luis Felipe perdió el trono y se estableció en Inglaterra, muriendo dos años más tarde. Había abdicado en su nieto Felipe (VII), conde de París, quien –tras morir en 1883 sin descendencia el nieto de Carlos X, Enrique de Borbón, conde de Chambord– asumió la jefatura de la casa de Francia, siendo contestado por los legitimistas que apoyaban al carlista Juan de Borbón, conde de Montizon. En 1886 la Ley de Exilio los expulsó de Francia. Se sucedieron como pretendientes orleanistas al trono Felipe (VIII), duque de Orléans, Juan, duque de Guisa –arqueólogo e historiador aficionado–, y Enrique, anterior conde de París,fallecidoen1999,querozólacorona en tiempos de De Gaulle. El actual jefe de la casa es su hijo Enrique, antes conde de Clermont, y ahora conde de París y «duque de Francia». Casó en 1957 con María Teresa de Württemberg. De sus cinco hijos, el ma- yor, Francisco, es inhábil pawra la sucesión debido a una toxoplasmosis congénita, por lo que el sucesor es Juan, duque de Vendôme, casado con Filomena de Tornos, padres de un hijo, Gastón. Tras divorciarse de María Teresa, hecha duquesa de Montpensier por su suegro, casó contra el parecer de éste –que durante un tiempo le retiró el título de conde de Clermont dán- dole el de conde de Mortain–, con Micaela Cousiño y Quiñones de León, hija del chileno Luis Maxi- miliano Cousiño y de la IV Mar- quesa de San Carlos, que con el tiempo recibió de su suegro el título de princesa de Jo- invillle. El 26 de septiem- bre de 2009 contrajo con ella matrimonio canónico tras muchos años de ha- ber casado civilmente. Ahora es ya ante la Iglesia condesa de París. En oc- tubre de 2013, el Tribunal de París reconoció a los hijos del anterior conde de París la propiedad de doscientas joyas y obras de arte, valo- radas en 20 a 25 millones de euros, gravadas con impuestos tan elevados que se ha afirmado que deberán subastarse en Sotheby’s. La sentencia confir- mó a la Fundación Saint-Louis como propietaria de inmuebles como el castillo de Amboise.

UNA BODA POLÉMICA

Enrique, conde de París, es el actual jefe delacasa.Apesardelaoposicióndesu padre, se casó en segundas nupcias con Micaela Cousiño, por lo que le fue retirado durante un tiempo el título de conde de Clermont

HEREDERO INESPERADO

De los cinco hijos de Enrique de Orléans,Juan, Duque de Vendôme, es el sucesor del linaje. Su hermano mayor, Francisco, fue inhabilitado para continuar la dinastía porque padeció una toxoplasmosis congénita.

Un amplio patrimonio

La Manoir du Coeur Volant (Louvecienne)
El Palais-Royal (izda.), construido en París por el cardenal Richelieu, pasó al hermano de Luis XIV. Poseyeron los castillos de Neuilly, Eu, Amboise (junto a estas líneas), Dreux, en cuya capilla está su panteón familiar, y los ya destruidos de Ran- dan o Bourbon-l’Archambault. Vivieron en Orleans House (Twickenham), Claremont House (Surrey), Stowe House (Buckinghamshire), el castillo de Nouvion-en-Thiérache, la Manoir d’Anjou y el castillo de Agiment –ambos en Bélgica–, la Quinta do Anjinho (Sintra) y la Manoir du Coeur Volant (Louveciennes), donde se establecieron en 1950 al abolirse la Ley de Exilio.

Amadeo Rey y Cabieses es doctor en Historia 
y miembro de la junta directiva de la Asociación Monárquica Europea

Publicado en La Razón el 04-01-2014