miércoles, 23 de febrero de 2011

Cuatro tópicos (y una cita apócrifa) sobre la democracia


Pocas palabras tienen un uso tan frecuente como “democracia” y sus derivados; y este uso y abuso proviene, precisamente, de su prestigio, casi sin competencia entre los términos que definen realidades políticas y sociales. “Democracia -escribe Rafael del Águila- es una de las pocas ´buenas palabras´ que existen en el vocabulario político”. En esto parece todo el mundo estar de acuerdo. Basta con calificar a alguien de “democrático” para que sea valorado positivamente; y basta adosar este calificativo a un nombre, sea el que sea, para que éste adquiera, como por arte de magia, una virtud indiscutible. Sin embargo, esta generalización, este uso ambivalente y siempre connotado positivamente, tiene la contraprestación de la inexactitud y el tópico. Esto es: usar este nombre en vano. No hay ninguna palabra en el léxico político (y habrá pocas en el léxico en general) que sea usada más veces de forma gratuita y oscurecedora; que sirva de comodín para designar las más diversas realidades; pocas palabras habrá sobre las que pese una mayor costra de tópicos que la constriñen y que hacen que su significado, tan rico histórica y conceptualmente, quede vacío y se convierta en un formulismo huero.

Este trabajo pretende indagar en estos usos tópicos que nacen, en gran medida, de la identificación del término con uno de sus aspectos parciales, que es tomado como total y prácticamente único. Por ejemplo, la democracia tiene que ser participativa, pero usar el término como sinónimo de “participación” es una impropiedad que confunde la parte con el todo. Se pretende descubrir esos usos inadecuados y, con ello, intentar devolver a la palabra su verdadera entidad. Decía Mallarmé, desde una concepción elitista del arte, que hacer poesía era evitar las “palabras de la tribu”; la labor intelectual tiene como una de sus funciones, y no la menos importante, devolver su auténtico contenido a palabras manipuladas, devolverles su función clarificadora, con el fin de la tribu siga entendiéndose. Antes de repasar estos tópicos, que pretenden ser una selección significativa aunque no exhaustiva, quiero hacer algunas precisiones previas.

De entrada, dejo fuera los usos que podríamos llamar “perversos” de la palabra, que más que un tópico, suponen una abierta y consciente manipulación de la palabra. Por ejemplo, los términos “democracia popular” de los países comunistas o el de “democracia orgánica”, con el que se definía a sí mismo el franquismo. Me limito, pues, a lo que entendemos por “democracia” cuando nos referimos a un país como los de la Unión Europea, que cumplen con un mínimo de requisitos que lo definen como democrático.

Cuando hablo de un “significado correcto” que hay que recuperar, no me refiero a lo que sería un “tecnicismo” de la Ciencia Política , sino simplemente a lo que sería un uso adecuado, no manipulable ni manipulador, un uso que sirva más para clarificar que para oscurecer la comunicación. No se trata, pues, de problemas de tecnicismos o terminologías, sino de un uso pragmático del lenguaje, lo que nos saca fuera del ámbito estricto de la Ciencia Política y nos pone en la Sociología y la Lingüística.

Los ejemplos que se van a ver no pertenecen, evidentemente, al mundo científico, pero tampoco a lo que llamaríamos un nivel vulgar o coloquial del lenguaje. Son expresiones y modismos que están frecuentemente en la boca de los políticos, los sindicalistas, los comunicadores, los periodistas, los llamados líderes de opinión; que pueden leerse y oírse en los medios y que, por tanto, tienen un gran poder de seducción e influencia sobre el habla general.

Primer tópico: la democracia como moral

Se confunde, casi siempre con una buena intención que no niego, la democracia con un conjunto de valores morales deseables y que forman un consenso más o menos aceptado por las ideologías y las religiones: la no violencia, la solidaridad, la tolerancia con el prójimo que es distinto o fastidioso, el acuerdo amistoso, etc. Muchas veces se habla de “actitudes antidemocráticas”, cuando sería más propio hablar de “actitudes violentas”. Con frecuencia se usa el calificativo de “democrático” cuando mejor iría “bueno”, “ético”, “pacífico”. Un ejemplo que nos llega todos los días (una búsqueda superficial en las hemerotecas nos demostraría su abundancia) es, en el contexto del conflicto vasco, el término “partidos democráticos” para referirse a todos aquellos que no apoyan abiertamente la violencia. El término así usado es sumamente equívoco y obvia que pueden darse los  casos de que a) un partido que apoya una causa inmoral (o que defiende medios inmorales para su consecución) puede, desde un punto de vista jurídico-formal, cumplir los requisitos del carácter democrático, b) un partido que defiende la democracia se puede ver obligado a usar o justificar medios violentos de fuerza en casos extremos. No tiene, pues, porque existir una identificación entre democracia y no-violencia. De hecho, históricamente, las democracias se han tenido que armar y lanzarse a la guerra para defender su sistema y protegerse de sus enemigos con una acción que no podía ser sino violenta (caso del nazismo). Del mismo modo, cabría la hipótesis, no tan remota como parece, que una doctrina no (o anti) democrática pudiese defenderse y difundirse por medios pacíficos.

Esta actitud se resume en la expresión, tan habitual, valores democráticos. Se considera la democracia como un conjunto de valores, lo que conduce, inevitablemente, al terreno de la ética. En el fondo de este uso, está la concepción de buena parte del ala izquierda del pensamiento político (Habermas, Arendt) de la democracia (es una expresión del primero) como “forma de vida”. Concepción esta que intenta trascender una idea meramente jurídico-formal de la democracia, que no sólo es un conjunto de normas e instituciones, sino también una serie de actitudes y compromisos. Esta idea, muy querida a la socialdemocracia europea, tiene, a mi entender, las dificultades que resumo en dos: a) el sistema puede quedar disuelto en un conjunto de buenas intenciones, en una moral voluntarista, ausente de articulación y formalización; y b) hablar de valores democráticos es problemático en el sentido en que, en el marco democrático, han de caber una pluralidad de valores (a fin de cuentas, la democracia es un intento de solucionar el problema de que somos diversos) que se enfrenten en una situación de seguridad y juego limpio.  

Segundo tópico: democracia y participación

Democracia suele identificarse con participación popular. Véase la siguiente expresión “La nueva forma de elección del rector, con la Ley Orgánica de Universidades, es más democrática ya que fomenta más la participación directa de todos los sectores educativos”. La cita es imaginaria, pero podía estar en cualquier periódico de tendencia favorable a la ley citada, o en el discurso de cualquier político (ídem del periódico). Esta frase, y tantas otras, llevan implícita la idea de que a más participación, más democracia. Sin embargo, este sistema que tiene un innegable componente de participación, no queda ni mucho menos definido por ésta. La democracia es un medio de “representación”, es decir, un método para que la participación directa de los ciudadanos en la vida pública se dé encauzada y representada, no directamente. Esto lleva a que la llamada “democracia directa” (el asamblearismo libertario, los “cabildos abiertos” del peronismo) sean de los mayores enemigos de la democracia, que puede despeñarse por la ladera del autoritarismo, pero también por la pendiente del populismo.

Si el tópico anterior queda resumido en la expresión valores democráticos, éste queda bien expresado con el lema de democracia como gobierno del pueblo. Esta concepción, de raíz roussoniana, es problemática desde su origen. Aranguren reconoce que a Rousseau, más que las libertades individuales, lo que le interesa es que “el pueblo se gobierne a sí mismo”. Ahora bien, “¿es esto posible? En rigor, no, y el mismo Rousseau lo vio así. A reserva de tratar, en seguida, el tema de las presuntas posibilidades de una ´democracia directa´, admitamos provisionalmente que, tan pronto como la comunidad deja de ser extremadamente reducida, sólo puede gobernarse a sí misma indirectamente, por delegación, es decir, en régimen de democracia representativa”. Ha habido históricamente sistemas en los que se ha dado cierto grado de participación popular; desde la antigua democracia asamblearia de Atenas, hasta los Estados Generales que surgieron de la revolución francesa. Sin embargo, en Atenas no había elecciones ni existía la idea de representación y en la época jacobina no hubo una garantía de lo que hoy entendemos por derechos individuales. Por otra parte, en algunos sistemas no democráticos hay ciertos grados de participación popular, si entendemos como tal, fundamentalmente, la capacidad de votar. Se votaba en la antigua Unión Soviética y en la España de Franco; se vota en la India, en México, en Perú. A nadie de se le ocurre que ninguno de estos ejemplos pueda catalogarse como una democracia en el sentido en que lo son Francia, España o Estados Unidos. El ciudadano francés, español o norteamericano posee una serie de garantías y mecanismos que protegen sus derechos personales (por ejemplo, un Poder Judicial independiente, que hace que la ley actúe con imparcialidad) que no tienen, para su desgracia, los peruanos, indios o mexicanos, aunque estos últimos visiten las urnas de vez en cuando. Si la participación popular es condición indispensable de la democracia, no es lo que la define; no menos indispensables son  un sistema de protección de los derechos individuales o un mecanismo de división y control de los poderes del Estado.

Tercer tópico: democracia y progresismo

Hay una idea que está latente en muchos discursos políticos y que se podría exteriorizar en este aserto: la democracia es (sobre todo) de izquierdas. Esta idea no se dice así, explícitamente, pero se da a entender con frecuencia implícitamente. Parece que la izquierda es demócrata por naturaleza, mientras la derecha tiene que hacer un esfuerzo para serlo. Hasta hace poco era frecuente la expresión “derecha democrática”, como si la matización fuese necesaria. En el caso español, esto se acentúa. La izquierda española, de forma muy especial, alardea de un historial democrático (que se remonta casi a los orígenes de la historia) y de oposición a la dictadura. Y acusa a la derecha de una tendencia, que para ellos es poco menos  que genética, al autoritarismo (y, hasta hace poco, la palabra “franquismo” salía a relucir en más de un debate político). Sin embargo, si bien es cierto en la derecha española hay un largo historial de pensamiento antidemócrata (desde Donoso Cortés a Franco, pasando por el integrismo monárquico de Vegas Latapié), también es verdad que para considerar a personajes como Largo Caballero, la Pasionaria o Durruti (por poner ejemplos de tres tipos de izquierda de distinta militancia) como demócratas hay que tener un sentido algo laxo y relativizante del concepto. La derecha se adapta perfectamente a la democracia, porque desde ella, en un marco de estabilidad jurídica y de cambios graduales, puede defender bien sus intereses. De hecho, la democracia en sus orígenes responde más a una mentalidad conservadora que al idealismo de izquierdas. Los padres fundadores del liberalismo -Stuart Mill, Locke-, más que una mejora de los niveles de vida o un reparto de los bienes, persiguen un marco de seguridad y acuerdo, en el que se garanticen la vida, la libertad y la propiedad. Se trata de partir de una situación social dada e intentar un equilibrio (no un cambio radical) posible a partir de ella, no se implantar un esquema previo (ideal) de forma voluntarista, un “racionalismo constructivista que tiende a los diseños ideales”. La teoría democrática, pues, tiene unas raíces conservadoras (vinculadas a ideas del cristianismo, sobre todo protestante), sin las cuales no se entiende el fenómeno.        

Cuarto tópico: democracia versus fascismo

Una costumbre muy frecuente en el mundo periodístico y político es usar los término de “fascismo” y “democracia” se usan como antónimos absolutos. Todo lo que no es democrático es fascista; todo lo que es violento, totalitario o intransigente es fascista, lo cual es una simplificación al alcance de cualquier mente medianamente avezada. El fascismo es, históricamente, un sistema político que se dio en la Italia de Musolinni en el período de entreguerras y que tuvo evidentes repercusiones fuera de Italia. Precisamente en España fue siempre un movimiento muy minoritario y nunca alcanzó la categoría de partido de masas que consiguieron los camisas negras en Italia y los nazis en Alemania. Partiendo de las J.O.N.S. de Ramiro Ledesma Ramos, sólo alcanzó algo de más relevancia con la Falange de José Antonio Primo de Rivera; pero este movimiento tiene unas características tan sui generis que más de un historiados duda llamarlo fascista en el sentido riguroso. La misma dictadura de Franco no se concibe como fascista; y esto lo dicen historiadores como Fusi o Preston que se definen de izquierdas. Se llega al sinsentido de llamar  fascista a una organización declaradamente marxista-leninista (los mayores enemigos del fascismo) como ETA. Indudablemente, el fascismo es un enemigo histórico de la izquierda, pero también de cierta derecha. “Todos los movimientos fascistas son antimarxistas y antiproletarios, pero resultan también reactivos respecto a la derecha conservadora tradicional y por eso son antiparlamentarios, anticonservadores y antiburgueses. Todos pretendieron la creación de un Estado nuevo en que hubieran desaparecido los principios de la legalidad liberal a través de un credo voluntarista”.

¿Qué es la democracia?

Sobre pocas realidades sociales se habrá escrito y teorizado tanto como sobre la democracia. Si algo ha quedado claro después de repasar estos tópicos, es su carácter complejo, que hace que pueda haber distintas concepciones (aquí hemos hablado de la ética, de la jurídico-formal, de la representativa y esto no es, ni mucho menos, una lista cerrada). La palabra “democracia” está tan cargada de connotaciones históricas, morales, incluso sentimentales, que se hace muy compleja su delimitación semántica. Como este trabajo no pretende esta labor definidora, concluyo con la definición más pedestre pero también más exacta que conozco. Se trata de una cita, que nunca he visto por escrito pero que anda ahí de boca en boca y que se atribuye a Winston Churchill, no sé si con rigor o apócrifamente. Es la famosa definición, que sólo ha podido crear el pragmatismo ingles, de democracia como aquel sistema en que, si uno oye la puerta a las seis de la mañana, sabe que es el lechero. La democracia es, sobre todo y en última instancia, un sistema que garantiza la seguridad jurídica y, con ella, la integridad y seguridad personal. Si ésta falta, sentimos que no hay democracia, porque la libertad no se respira. Es difícil definir la salud, pero cuando estamos enfermos sabemos perfectamente lo que nos falta.



viernes, 7 de enero de 2011

Discurso de Su Majestad el Rey en la Pascua Militar 2011

Palacio Real de Madrid, 6 de enero de 2011


Queridos compañeros,

Me alegra mucho poder reunirme con vosotros para celebrar la Pascua Militar, en compañía de la Reina y de los Príncipes de Asturias, y expresaros nuestros mejores deseos a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Acto Guardia Civil en el Año Nuevo que comienza.

Esta arraigada tradición nos permite manifestar públicamente el más profundo reconocimiento que merece toda la Familia Militar por su ejemplar entrega a España y a los españoles.

Al inicio de este solemne quiero dedicar un muy emotivo y afectuoso homenaje a todos los compañeros que, durante el pasado año, entregaron sus vidas en el cumplimiento del deber, tanto en territorio nacional como fuera de nuestra Patria.

Su generoso sacrificio debe pervivir en nosotros y alentarnos a perseverar en nuestro permanente empeño de servir a España. Reiteramos de todo corazón a sus familiares nuestro mayor cariño, solidaridad y apoyo.

Unos sentimientos que también deseo hacer llegar a todas las víctimas de la execrable e inaceptable barbarie terrorista y a sus familias.

Mucho agradezco a la Señora Ministra de Defensa sus amables palabras de felicitación en nombre propio y de toda la Institución Militar, así como el valioso resumen que ha expuesto con las actuaciones, logros y previsiones de su Departamento.

En el año que acaba de concluir, tanto el Príncipe de Asturias como yo mismo, hemos podido asistir a diversos ejercicios tácticos y visitar numerosas Unidades.

Ello nos ha permitido comprobar la operatividad, calidad y preparación del personal que las componen.

Sé que las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil están contribuyendo al esfuerzo de austeridad derivado de la actual crisis económica, que ha exigido priorizar las capacidades militares a alcanzar.

Y sé que sois conscientes de la necesidad de mejora constante de la operatividad de nuestras Unidades, sin merma del adecuado mantenimiento de los sistemas de armas, ni de la seguridad de nuestras tropas, especialmente de aquellas que desarrollan misiones internacionales.

Durante más de dos décadas unos cien mil militares españoles han intervenido en numerosas misiones en el extranjero.

Su presencia en muchas zonas del mundo ha sido un factor clave para afianzar el peso de España y su compromiso con la paz y la seguridad internacionales. Tan extraordinaria labor en el exterior ha reforzado aún más el prestigio de la Institución Militar.

Así, ante la terrible tragedia sufrida a principios de año en Haití, nuestras Fuerzas Armadas se situaron desde el inicio en primera línea de colaboración, como máximo exponente de la movilización de la sociedad española en favor del pueblo haitiano.

Digna del mayor elogio ha sido también la misión de mantenimiento de la paz recientemente finalizada en Bosnia-Herzegovina. En ella más de cuarenta y seis mil militares y guardias civiles han desarrollado durante dieciocho años una labor ejemplar. Nos han mostrado el camino a seguir en las misiones en las que participamos.

Me refiero a la misión de Naciones Unidas en el Líbano, a las operaciones en el Golfo de Adén o en Afganistán, destinadas a alcanzar y mantener la paz y la seguridad que todos anhelamos.

He acogido con especial satisfacción el importante salto cualitativo en material logrado por nuestros contingentes.

En este día también quiero subrayar la enorme trascendencia que tiene la enseñanza militar.

Es mucho lo que se espera del nuevo modelo que permite acomodar los planes de estudio de las Academias Militares al Espacio Europeo de Educación Superior, y así dar un paso más en la vinculación de las Fuerzas Armadas con la sociedad a la que sirven.

El anterior sistema de enseñanza, que proporcionó oficiales con una excelente formación, se ha complementado ahora con una educación universitaria reglada, que abre muchas posibilidades pero también nuevos retos.

Con la puesta en marcha del nuevo sistema de enseñanza para suboficiales en el próximo Curso Académico, se dotará del perfil necesario a dichos profesionales que, con su impulso, dan continuidad al trabajo de nuestras Unidades.

En suma, no podemos olvidar que el objetivo sigue siendo el mismo: formar excelentes militares que, además de obtener amplios conocimientos, acrecienten sus valores y virtudes y consigan la capacidad de liderazgo necesaria para hacerse querer y respetar.

En el año transcurrido cabe destacar que, con ocasión de nuestra Presidencia rotatoria de la Unión Europea, se han dado importantes pasos hacia una Política Común de Seguridad y Defensa coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.

Con ello se ha potenciado el desarrollo de capacidades militares y su sinergia con las civiles. Al mismo tiempo se ha implementado ese enfoque integral en las respuestas a las situaciones de crisis.

Se ha profundizado igualmente en la relación estratégica entre la Unión Europea y la OTAN, que tantas veces coinciden en los teatros de operaciones.

El continuo proceso de transformación de nuestras Fuerzas Armadas ha de estar en consonancia con el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN. Deben estar preparadas para poder ayudar a promover la seguridad común junto a nuestros socios, allá donde se requiera.

En este marco y en estas fechas tan entrañables, deseo enviar una felicitación muy especial a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil, que se encuentran cumpliendo su misión fuera de nuestras fronteras y alejados de sus familias.

Como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas quiero expresarles de nuevo mi mayor reconocimiento y apoyo por su excelente labor.

Para concluir os reitero, junto a mi Familia, los mejores deseos de paz y prosperidad para este Año Nuevo 2011. Con mi gratitud por vuestras continuas muestras de afecto y de lealtad a la Corona, os aliento a seguir trabajando con profundo orgullo y probada ilusión en la más alta y noble de todas las labores: el servicio y la entrega a nuestra gran Nación.

¡Viva España!


sábado, 25 de diciembre de 2010

Mensaje de Navidad de Su Majestad la Reina de Gan Bretaña Doña Isabel II


Over four hundred years ago, King James the Sixth of Scotland inherited the throne of England at a time when the Christian Church was deeply divided. Here at Hampton Court in 1604, he convened a conference of churchmen of all shades of opinion to discuss the future of Christianity in this country. The King agreed to commission a new translation of the Bible that was acceptable to all parties. This was to become the King James or Authorized Bible, which next year will be exactly four centuries old.

Acknowledged as a masterpiece of English prose and the most vivid translation of the scriptures, the glorious language of this Bible has survived the turbulence of history and given many of us the most widely-recognised and beautiful descriptions of the birth of Jesus Christ which we celebrate today.

The King James Bible was a major cooperative endeavour that required the efforts of dozens of the day’s leading scholars. The whole enterprise was guided by an interest in reaching agreement for the wider benefit of the Christian Church, and to bring harmony to the Kingdoms of England and Scotland.

Four hundred years later, it is as important as ever to build communities and create harmony, and one of the most powerful ways of doing this is through sport and games. During this past year of abundant sporting events, I have seen for myself just how important sport is in bringing people together from all backgrounds, from all walks of life and from all age-groups.

In the parks of towns and cities, and on village greens up and down the country, countless thousands of people every week give up their time to participate in sport and exercise of all sorts, or simply encourage others to do so. These kinds of activity are common throughout the world and play a part in providing a different perspective on life.

Apart from developing physical fitness, sport and games can also teach vital social skills. None can be enjoyed without abiding by the rules, and no team can hope to succeed without cooperation between the players. This sort of positive team spirit can benefit communities, companies and enterprises of all kinds.

As the success of recent Paralympics bears witness, a love of sport also has the power to help rehabilitate. One only has to think of the injured men and women of the Armed Forces to see how an interest in games and sport can speed recovery and renew a sense of purpose, enjoyment and comradeship.

Right around the world, people gather to compete under standard rules and, in most cases, in a spirit of friendly rivalry. Competitors know that, to succeed, they must respect their opponents; very often, they like each other too.

Sportsmen and women often speak of the enormous pride they have in representing their country, a sense of belonging to a wider family. We see this vividly at the Commonwealth Games, for example, which is known to many as the Friendly Games and where I am sure you have noticed that it is always the competitors from the smallest countries who receive the loudest cheers.

People are capable of belonging to many communities, including a religious faith. King James may not have anticipated quite how important sport and games were to become in promoting harmony and common interests. But from the scriptures in the Bible which bears his name, we know that nothing is more satisfying than the feeling of belonging to a group who are dedicated to helping each other:

‘Therefore all things whatsoever ye would that men should to do to you, do ye even so to them’.

I wish you, and all those whom you love and care for, a very happy Christmas.

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de los Belgas Don Alberto II

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Mes chers compatriotes,

En ce temps de Noël et de Nouvel An, je voudrais d’abord partager avec vous un motif de satisfaction. De l’opinion unanime de nos partenaires européens, la Présidence belge de l’Union européenne, pendant le second semestre de cette année, a été particulièrement réussie. Dans nombre de domaines très différents des progrès importants ont été réalisés. Je pense entre autres à la stratégie économique européenne, aux mesures pour éviter le retour des crises financières, au budget européen, aux réalisations en matière commerciale et diplomatique, aux relations entre l’Europe et l’Asie. De nombreux chefs d’Etat et de gouvernement ainsi que des dirigeants d’institutions européennes, m’ont fait part spontanément de leur admiration à ce sujet. Cela illustre bien les talents de notre pays lorsqu’il s’agit de rapprocher des points de vue en trouvant des compromis. Notre diversité nous aide dans ces domaines.

Et pourtant, cet art du compromis, il me semble qu’au sein de notre propre pays, nous l’avons quelque peu oublié ces dernières années.  D’où ma préoccupation et ma ferme volonté de lancer un appel à tous nos responsables et à tous les citoyens.

Notre pays a l’occasion de se transformer en profondeur pour mieux répondre aux attentes de nombreux Belges, et pour affronter les défis à venir. Désormais, après plus de 6 mois de négociation tous les éléments se trouvent sur la table pour réaliser une réforme profonde de l’Etat. Il y aurait un important transfert de compétences aux Régions et Communautés, une autonomie et une responsabilisation beaucoup plus poussées des entités fédérées, y compris sur le plan fiscal, un refinancement de Bruxelles et le maintien d’une réelle solidarité au sein de notre pays. En même temps, il sera nécessaire  d’assurer le financement dans la durée de l’Etat fédéral pour exercer les compétences et les obligations qu’il continuera à assumer vis-à-vis de tous les Belges, mais aussi sur le plan européen et dans le monde. Il faudra également inclure une solution pour BHV et définir des règles en matière d’éthique politique.

Il s’agit donc de trouver des compromis équilibrés qui tiennent compte des aspirations légitimes des uns et des autres. Dans un tel accord il ne doit pas y avoir de perdants. Nous devons trouver des solutions ou chacun est gagnant.

Dans la recherche de cet accord raisonnable il est évident que chaque partie devra faire des concessions. Chacun aura  donc l’obligation de prendre ses responsabilités. Le moment est venu où le vrai courage consiste à chercher fermement le compromis qui rassemble, et non à exacerber les oppositions.

Si un tel accord se réalise, un nouveau gouvernement fédéral pourrait être constitué. Avec les entités fédérées, il sera à même de prendre des mesures nécessaires pour sauvegarder le bien- être de la  population, et pour rétablir la confiance au sein du pays. C’est cela que tous nos concitoyens attendent.

Lorsque nous réussirons, car je suis convaincu que nous le pouvons, nous redeviendrons à nouveau un exemple d’entente, et un facteur d’unité dans un monde qui en a grandement besoin. Nous pourrons présenter l’image juste d’un pays qui parvient dans la paix, à se transformer profondément. Nos partenaires européens, et tous les autres pays, constateront que la Belgique demeure un Etat responsable auquel ils peuvent faire confiance.

Cet appel que je vous lance solennellement à tous,  je l’adresse évidemment en premier lieu aux responsables politiques, mais aussi aux responsables économiques, sociaux, culturels et des médias.  Tous, par nos actions, par notre comportement, nous devons avoir le courage d’être des artisans de paix.

C’est le souhait chaleureux, que la Reine et moi et toute notre famille vous adressons de tout cœur, en ces fêtes de Noël et de Nouvel An.

Wir alle müssen bei unseren Aktionen und unserem Vorgehen den Mut aufbringen Friedensstifter zu sein.

Das wünschen Ihnen zu diesen Weihnachts- und Neujahrsfeiern die Königin, ich selbst und unsere ganze Familie von Herzen.


Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de España


¡Buenas noches! Quiero que mis primeras palabras sean para transmitir de corazón a todos los españoles mis mejores deseos de paz, prosperidad y felicidad en estas Fiestas Navideñas y para el Año Nuevo 2011.

Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud.

Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo.

Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos.

La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional.

Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social.

Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad.

Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo.

Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas.

No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor.

Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar.

Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos.

Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países.

Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos.

Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa.

En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución.

Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general.

Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias.

Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural.

Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo.

Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!

He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión.

Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando.

¡Muy feliz Navidad y Año Nuevo 2011, en nombre propio y de mi Familia, a todos los españoles y a cuantos extranjeros viven con nosotros!

Buenas noches. 
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sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Estamos finalizando una Segunda Restauración?

por Ibiza Melián

(“El Coloso”, Francisco de Goya y Lucientes)

Concluía Francisco, gerente deRadio Vecindad, y editor del periódico vespertino, de ámbito local, El Pobrecito Hablador, en su libro: El vituperado sistema electoral de la Restauración y sus similitudes con la partitocracia vigente, preguntándose si la situación política actual no era más que el reflejo de los últimos coletazos de la agonizante Segunda Restauración imperante hoy en día. Guardando un considerable parecido con la Primera.

Erigiéndose la Primera Restauración como una larga etapa de relativa estabilidad, en la que España optó por instituirse como un Estado liberal de derecho. Iniciándose el 29 de Diciembre de 1874 y concluyendo con la proclamación de la Segunda República el 14 de Abril de 1931.

Al igual que en la Primera, esta Segunda arrancaría con la Restauración de los Borbones en el Trono, en este caso a través de la figura de Juan Carlos I, acaeciendo su entronización el 22 de Noviembre de 1975. El papel de Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) recaería en Torcuato Fernández-Miranda (1915-1980). Presuntamente autor ideológico de la Ley para la Reforma Política, así como facilitador y diseñador del camino que nos conduciría hasta la presente etapa democrática.

Más todos los elementos denunciados por los regeneracionistas durante la Primera, vuelven a reproducirse actualmente. ¿O es que acaso no presenciamos día tras día vestigios de un sangrante y deleznable caciquismo? Decía Joaquín Costa (1846-1911) en su obra “Oligarquía y caciquismo como forma de gobierno en España”: “(…) Cada región y cada provincia se hallaba dominada por un particular irresponsable diputado o no, vulgarmente apodado en esta relación cacique, sin cuya voluntad o beneplácito no se movía una hoja de papel, no se despachaba un expediente, (…), ni se acometía una obra (…) No había que preguntar si tenías razón, (…) para saber como se fallaría (…) el expediente: había que preguntar si le era indiferente al cacique, y por tanto se mantenía neutral, o si estaba con vosotros o contra vosotros. (…) Se extraviaban los expedientes (…) que él quería que se extraviasen; (…) se imponían multas si era su voluntad que se impusieran (….); las carreteras iban no por donde las trazaban los ingenieros, sino por donde caían sus fincas (…); era diputado, alcalde o regidor a quién él designaba o recibía para instrumento de sus vanidades, de sus medros o de sus venganzas (…). Tenía demarcado por los jerarcas supremos su feudo, el cual abarcaba ora una región, ora una provincia, o bien uno o más distritos dentro de ella. (…)

(…) Todo aquel estado de corrupción y de servidumbre, (…) que acabo borrosamente de bosquejar, subsiste íntegro (…) años después, salvo haberse agravado con la hipocresía de la soberanía nacional y el sufragio universal, escarnio e inri de la España crucificada. Lo mismo que entonces, la nación sigue viviendo (….) a los pies del cacique, a cambio de los votos necesarios para fabricar las mayorías parlamentarias en que los pocos centenares de políticos tienen que ampararse para dominar el país. (…) El español vive a merced del acaso, pendiente de la arbitrariedad de una minoría corrompida y corruptora, sin honor,(…) humanidad, infinitamente peor que en los peores tiempos de la Roma pagana. En Europa desapareció hace ya mucho tiempo: si algún rastro queda aquí o allá, es un mero accidente. En España no: forma un vasto sistema de gobierno, organizado (…) por regiones, por provincias, por cantones y municipios, con sus turnos y sus jerarquías, sin que los llamados Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales, Alcaldías, (…), Ministerios, sean más que una sombra y como proyección exterior del verdadero Gobierno, que es ese otro subterráneo, instrumento y resultante suya, y no digo que también su editor responsable, porque de las fechorías criminales de unos y de otros no responde nadie. Es como la superposición de dos Estados, uno legal, otro consuetudinario: máquina perfecta el primero, regimentada por leyes admirables, pero que no funciona; dinamismo anárquico el segundo, en que libertad y justicia son privilegio de los malos, donde el hombre recto, como no claudique y se manche, sucumbe. (…)”

En España existen 7.286 Ayuntamientos, para una población de unos 46 millones de habitantes. Correspondiendo el 80% de ellos a circunscripciones con menos de 5.000 residentes, y un 73% inferior a mil. Lo que resulta llamativo al compararlo, por ejemplo, con el Reino Unido, con 60 millones de ciudadanos y sólo 340 entes locales. Aseverando asimismo los últimos estudios que un mayor tamaño consistorial conduce a una reducción en la arbitrariedad municipal. Cuando el mundo empresarial se reestructura para ahorrar costes, no así la Administración. Ya lo dice un famoso anuncio de la televisión que “Villa Arriba”, se ha unido con “Villa Abajo”, para formar “Villa En Medio” y aumentar sus sinergias, pero parece que ese mensaje aún no ha calado entre las ya paupérrimas arcas consistoriales.

(Caricatura sobre el Caciquismo y el Fraude electoral, “Revista la Flaca”)

Urgiendo acometer también otras mejoras en el ámbito municipal. En la línea de sustituir la figura del “strong-mayor” actual, de corte presidencialista, por la del “city-manager”. Aplicada, por ejemplo, en Estados Unidos, con la que han logrado prácticamente acabar con los casos de corrupción y el abyecto clientelismo político. Fórmula implantada también en Australia, Noruega o Irlanda, con excelentes resultados.

El “city-manager” se fundamenta en contratar a un administrador para la localidad, de probada solvencia y perfectamente conocedor de los procedimientos reglamentarios. Seleccionado como gerente municipal para liderar los proyectos aprobados por el Consejo Plenario. Su mandato tendrá una duración diferente a la de la legislatura, evitando así vinculación política alguna. Quedando ceñidas las funciones de los concejales, votados por el pueblo en las urnas, a la legislativa. Circunscrita a su manifestación en el Pleno, donde avalarán o retirarán el apoyo de las acciones efectuadas por el “city-manager”. Y limitando el papel del Alcalde, al otorgarle un exiguo margen ejecutivo.

De este modo se culminarían los proyectos, habitualmente paralizados por cambios de gobiernos o incapacidad por desconocimiento de los propios ediles.  Se agilizaría la tramitación de los expedientes, aminorando la carga burocrática, simplificando los procesos. Adelgazaríamos el capítulo uno del presupuesto, destinado a personal. Contando únicamente con los sujetos más preparados e idóneos, acorde a las particulares labores y no conforme a su afiliación ideológica. En definitiva ganaríamos en transparencia y optimizaríamos convenientemente los exiguos recursos de los que disponemos.

Otro punto escasamente comprensible radica en que entre las dispares instituciones: Estado, Comunidades Autónomas, Diputaciones o Cabildos y Ayuntamientos, no se da una perfecta sincronización para evitar solapamientos y duplicidades. Poseyendo Europa mayores herramientas de control sobre España, como país miembro, que el gobierno central sobre las propias Comunidades. A las cuales nadie osa valorar o recriminar por su gasto excesivo o por la tendencia de crear multiplicidad de fundaciones y consorcios mixtos, que hacen más complicado su escrutinio. No promulgándose ni la eficacia, ni la eficiencia, ni traduciéndose en un mayor incremento de prestaciones al ciudadano. Existiendo incluso estudios que aseveran que un 75% de las partidas destinadas a gasto social son absorbidas por la burocracia. ¿La tan ansiada reforma constitucional del Senado, en pro de convertirlo en una auténtica cámara territorial, no serviría para concretar y fiscalizar este engranaje? Si la Constitución de 1978, optó por el Estado de las Autonomías como un modelo abierto, a todas luces inacabado, ¿por qué no se ha avanzado en su perfeccionamiento? Si bien se presenta harto difícil modificar el texto rígido de nuestra Carta Magna si no resurge el obligado espíritu de consenso de la Transición. Requiriendo una absoluta conciencia acerca de las vicisitudes que ha sufrido nuestro Estado Constitucional a lo largo de los casi dos siglos precedentes, atacado demasiado frecuentemente y con suma beligerancia por fuerzas contrarias a la libertad.

Para Francisco esto era un claro síntoma de caciquismo, al sostenerse todo el engranaje sobre la base. A nivel central se prefiere mirar hacia otro lado antes que perturbar a las élites regionales o locales. Un aparato cada vez más engordado, en pro de sufragar con el clientelismo el sostenimiento de los partidos.

Pero no sólo el caciquismo sigue reinante, sino también las fórmulas del encasillado o pucherazo, quizás más depuradas pero a la postre sujetas al mismo fin. Siendo un perfecto encasillado las listas cerradas y bloqueadas, donde los futuros gobernantes serán aquellos que dispongan únicamente las formaciones políticas. Probablemente no los más brillantes, sino los más sumisos y proclives a la causa de cada organización o a la del caudillo de turno. Donde el lema imperante es, parafraseando a un carismático ex dirigente político, “militancia pura y dura”. Desterrando cualquier atisbo de razonamiento o autocrítica. ¿Se puede considerar a eso democracia? Bien les vendría a muchos recordar el ulterior pasaje de Karl Popper: “Una vez que comenzamos a confiar en nuestra razón y a utilizar las facultades de la crítica, una vez que experimentamos el llamado de la responsabilidad personal y, con ella, la responsabilidad de contribuir a aumentar nuestros conocimientos, no podemos admitir la regresión a un estado basado en el sometimiento implícito a la magia tribal.”

(Capricho 43: “El sueño de la razón produce monstruos”, Francisco de Goya y Lucientes)

Deambula, de boca en boca, una clásica leyenda urbana que narra una turbulenta historia de personas que merodean alrededor del colegio electoral, el mismo día de los comicios, repartiendo votos a diestro y siniestro de concretas candidaturas. Si esto fuera cierto, y alguien te entregase el sufragio correspondiente a la lista del regidor gobernante, ¿no lo cogerías? Mayormente en pueblos pequeños donde todos se conocen. Si además resulta que tu puesto de trabajo, o el de algún familiar, depende del primer edil. Sin olvidar el lema de la Restauración: “para los enemigos la ley, para los amigos el favor”. ¿Al menos no haría recapacitar a más de uno el declinar la recepción? ¿No obligando a retirar exclusivamente la papeleta de la cabina habilitada al efecto, no estaríamos siendo condescendientes con un picaresco intento de pucherazo?

Un parlamento ceñido a ratificar lo que el ejecutivo dispone, apoyado por una obediente mayoría de diputados, con cada vez menos poder efectivo. Volatizando la tan necesaria separación de poderes, auspiciada con el objetivo de que unos controlaran a los otros y ninguno resultara privilegiado sobre el resto. Como diría Adolfo Suárez: “El control parlamentario no perjudica la eficacia de los gobiernos. Para preservar la democracia ninguna mayoría absoluta debería poder eludir la función de fiscalización del Parlamento. En España sí puede.”

Un régimen electoral que conduce al bipartidismo, y a la preeminencia de las fuerzas mayoritarias, dejando sin representación a las minoritarias. Una absurda “reglamentitis”. Se calcula que en España coexisten 100.000 leyes y reglamentos, más las normativas europeas de ejecución directa. La pretensión inicial de la Ilustración era mostrar una homogeneización reglamentaria en la globalidad del territorio. Con el propósito de presentar un sistema de orden, que favoreciera la seguridad jurídica y posibilitara que su destinatario supiera a qué atenerse en cada momento. Sin embargo, con este maremágnum normativo no se muestra factible tan loable propósito. Al contrario, pareciera que está concebido como una tela de araña con el fin de atrapar entre sus redes hasta el administrado más avezado.

¿No son claras señales de la necesaria transformación de nuestro régimen? ¿No es requerida, ahora más que nunca, nuevamente la “Revolución desde Arriba”, proclamada por Maura? Reforma a ejecutar por los gobernantes, en base a una transformación del sistema y no una ruptura. ¿Pero quiénes poseerán la suficiente valentía para desarrollar tales planteamientos, cuando sus cimientos se sustentan en fórmulas tan arraigadas? ¿Serán capaces los partidos actuales de manifestar a sus simpatizantes de que se ha terminado el reinado de las prebendas y ya sólo queda la lucha por defender proyectos, el bien común e ideales? ¿De avisar a miles de concejales y cargos de confianza que deben reciclarse y retornar al ámbito privado? ¿O postergarán semejantes decisiones para después de las generales, con tal de no perder un escaño en el parlamento y el sillón de mando donde se sostienen? No obstante, al igual que Maura predijera: “(…) más que nunca es ahora necesario restablecer aquella ya casi olvidada, de tiempo que ha que fue perdida, confianza entre gobernantes y gobernados; y ya no hay más que un camino, que es la revolución (…) desde el Gobierno (…). Nunca habría sido fácil la revolución desde el Gobierno, nunca habría sido recomendable, si hubiera podido dividirse la facultad y esparcirse la obra en el curso del tiempo; pero cada día que pasa, (…), es mucho más escabrosa, mucho más difícil, y el éxito feliz mucho más incierto; y no está lejano el día en que ya no quede ni ese remedio (…)”.

(“El sueño de la mentira y la inconstancia”, Francisco de Goya y Lucientes)

Quizás la única esperanza que nos quede sea profundizar en ese pensamiento de centro-reformista y liberal, al objeto de dirigirnos hacia fórmulas más justas, equitativas, eficaces y eficientes. ¿O tal vez se torna en ilusa utopía? Restándonos sólo transitar perennemente en el país de los ciegos, como en una especie de limbo impuesto como pena por no vislumbrar los males que aquejan a nuestra patria, a los que una gran mayoría prefiere hacer caso omiso. ¿Es la mejor opción vivir en el irreal “Matrix” de los administrados, diseñado y controlado minuciosamente por unos administradores alzados sobre el resto de los mortales en sus particulares reinos partitocráticos?