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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey de España

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

© Casa de S.M. el Rey / Borja Fotógrafos
B
​uenas noches.
Quiero expresaros a todos mi cordial felicitación en esta Navidad, desearos un venturoso Año Nuevo y compartir con vosotros mis reflexiones sobre el que estamos acabando y mis convicciones sobre nuestro futuro en común.
España continúa sufriendo los efectos de una crisis económica y financiera de una duración y magnitud desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea, con efectos muy negativos sobre las personas, las familias y las empresas.
Quiero, por eso, empezar mis palabras con un saludo especialmente afectuoso a aquellos a quienes con más dureza está golpeando esta crisis: a los que no habéis podido encontrar trabajo o lo habéis perdido durante el año que va a terminar; a los que por circunstancias diversas no podéis disponer de una vivienda; a los jóvenes que no habéis podido encauzar todavía vuestra vida profesional; a todos los que habéis soportado tan duros sacrificios con coraje, y a quienes lucháis con vuestros mejores esfuerzos por hacer realidad vuestras legítimas aspiraciones.
Saludo también a quienes estáis aportando lo mejor de vuestra creatividad y de vuestro talento para superar las dificultades. Pienso en particular en todos los emprendedores; en la pequeña y mediana empresa que sostiene el tejido productivo de la Nación; en los trabajadores autónomos; en los inmigrantes, cuya aportación hay que agradecer sin reservas; en los servidores públicos; en quienes estáis trabajando fuera de España.
Y pienso en vosotros, las personas mayores, los pensionistas, que estáis siendo el soporte de muchas economías familiares. Gracias por vuestra ayuda. Es extraordinaria la fuerza de la familia en España, y fundamental el papel que está jugando en esta grave crisis. Gracias también a la sociedad civil que ha demostrado una solidaridad verdaderamente ejemplar para atender a millones de personas en graves dificultades. Gracias, en definitiva, al conjunto de los ciudadanos por vuestro ejemplo de responsabilidad y de civismo en tiempos ciertamente difíciles.
Permitidme dedicar un recuerdo muy especial y emocionado a las víctimas del terrorismo, con las que la sociedad sigue teniendo una permanente deuda de gratitud. Unas personas y unas familias que durante décadas han sufrido cruelmente la violencia y el terror de unos criminales totalitarios. Sé que estáis pasando momentos especialmente difíciles.
Hoy, como antes y como siempre, quiero compartir vuestro dolor con renovada solidaridad y expresaros todo mi apoyo.
Es indiscutible que la crisis económica que sufre España ha provocado desaliento en los ciudadanos, y que la dificultad para alcanzar soluciones rápidas, así como los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública, han afectado al prestigio de la política y de las instituciones.
Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia. Es verdad que hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia.
Estoy convencido de que todas estas cuestiones se podrán resolver con realismo, con esfuerzo, con un funcionamiento correcto del Estado de Derecho y con la generosidad de las fuerzas políticas y sociales representativas.
Realismo para reconocer que la salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes, ya que todos somos corresponsables del devenir colectivo.
Esfuerzo para que la economía confirme los indicios de recuperación que se están empezando a ver y que tienen que ser todavía más sólidos, porque no podemos aceptar como normal la angustia de los millones de españoles que no pueden trabajar. Para mí, la crisis empezará a resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar.
Funcionamiento del Estado de Derecho para que la ejemplaridad presida las instituciones, para que se cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes, y para que las diferencias y las controversias se resuelvan con arreglo a las reglas de juego democráticas aprobadas por todos. El respeto de esas reglas es la garantía de nuestra convivencia y la fortaleza de nuestra democracia. Esta es una verdad incuestionable que debemos tener muy en cuenta.
Y, como siempre, generosidad para saber ceder cuando es preciso, para comprender las razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos.
Mi posición me ha permitido vivir las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado España, a la que he dedicado mi vida. He visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos y construir juntos los buenos.
Con esa experiencia, puedo decir que el sistema político que nació con la Constitución de 1978 nos ha proporcionado el período más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia y de reconocimiento efectivo de la diversidad que compone nuestra realidad. Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que lo  ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones.

  • Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey
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Reivindicar ese logro histórico no es incompatible con reconocer, como acabo de señalar, la necesidad de mejorar en muchos aspectos la calidad de nuestra democracia.
Esa crucial tarea de modernización y regeneración no es competencia exclusiva de los responsables políticos. También lo es de los agentes económicos y sociales y de la sociedad en su conjunto a través de sus estructuras organizativas.
Durante muchos años, juntos hemos caminado en la construcción de nuestra democracia, juntos hemos resuelto problemas no más fáciles que los que hoy afrontamos, y siempre con la ambición de llegar a un objetivo común.
Pues bien, juntos debemos seguir construyendo nuestro futuro porque nos unen y nos deben seguir uniendo muchísimas cosas:
Nos une el afán de asegurar un porvenir sólido,  justo y lleno de oportunidades.
Nos unen la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del diferente.
Nos une la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y sensibilidades distintas.
Nos une la solidaridad que siempre demostramos ante las grandes adversidades, ante las desigualdades sociales y territoriales, ante las necesidades de nuestros vecinos.
Y nos une y nos debe seguir uniendo el sentimiento de comunidad que recientemente expresaba el Príncipe de Asturias: España es una gran Nación que vale la pena vivir y querer, y por la que merece la pena luchar.
La Corona promueve y alienta ese modelo de nación. Cree en un país libre, justo y unido dentro de su diversidad. Cree en esa España abierta en la que cabemos todos. Y cree que esa España es la que entre todos debemos seguir construyendo.
Por ello, invito a las fuerzas políticas a que, sin renunciar a sus ideas, superen sus diferencias para llegar a acuerdos que a todos beneficien y que hagan posibles las reformas necesarias para afrontar un futuro marcado por la prosperidad, la justicia y la igualdad de oportunidades para todos.
Invito a los líderes políticos y a los agentes sociales a que ejerzan su liderazgo y combatan el conformismo, el desaliento y el victimismo.
Invito a la comunidad intelectual a ser intérprete de los cambios que se están produciendo y a ser guía del nuevo mundo que está emergiendo en el orden geopolítico, económico, social y cultural.
Invito a las instituciones públicas, los empresarios e inversores a que apuesten decididamente por la investigación y la innovación, para mejorar la competitividad y contribuir así a la creación de empleo.
Y os invito a todos a recuperar la confianza en nosotros mismos y en nuestras posibilidades para hacer realidad nuestros mejores anhelos como españoles.
Esta noche, al dirigiros este mensaje, quiero transmitiros como Rey de España:
En primer lugar, mi determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional, de acuerdo con los principios y valores que han impulsado nuestro progreso como sociedad.
Y, en segundo lugar,  la seguridad de que asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad.
Finalmente, al despedirme, quiero agradecer los generosos testimonios de aliento que he recibido a lo largo de este año, desearos que esta Nochebuena sea una oportunidad para el reencuentro familiar y que en 2014 se cumplan las mejores esperanzas de todos.
De nuevo, Feliz Navidad y buenas noches.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuentas claras

La publicación del presupuesto real afianzará el prestigio de la Monarquía parlamentaria


Poco a poco, sin apenas estridencias, la Casa del Rey está dando pasos hacia una mayor transparencia pública. Son decisiones discretas, pero que sumadas todas en una serie suponen un cambio de cierta envergadura en las costumbres de la Monarquía española. Primero fue la decisión de apartar al duque de Palma, Iñaki Urdangarín, consorte de la infanta Cristina, de todo acto oficial, a raíz del conocimiento público de irregularidades en la institución que dirige. El discurso de Navidad insistió en la obviedad de la universalidad de la ley y sus consecuencias; fue bien recibido por la opinión pública y por los diputados de la nueva legislatura. Ayer, la Casa del Rey dio a conocer por primera vez el desglose de su presupuesto y gracias a él los ciudadanos pueden saber que, del monto global de 8,43 millones de euros, el Rey recibe 292.000 euros al año (140.000 como salario y el resto como gastos de representación), que el príncipe Felipe percibe unos 146.000 euros anuales, y que ambas retribuciones están sujetas a una retención fiscal del 40% y del 37%, respectivamente.

Parece un ejercicio inútil negar que todos estos esfuerzos de transparencia controlada (el Rey no está obligado a explicar las cuentas de su Casa) responden a la conmoción causada por la implicación del duque de Palma en el caso de corrupción, cuyo expediente judicial se conoce con el nombre de Operación Babel. El gesto real debe interpretarse como una invitación indirecta a que se conozca toda la verdad sobre las operaciones económicas del yerno del Rey, porque esa transparencia es fundamental para la salud del sistema democrático. Por tanto, aunque no faltarán voces que reclamen más detalle en el desglose de las cuentas reales, es importante que se comprenda la importancia del mensaje, la calidad de primer paso en la información pública sobre las cuentas del Rey y todas las implicaciones políticas y jurídicas de ese primer paso.

Es esencial que esta información pública se convierta en costumbre. Más aún, puesto que la transparencia de las cuentas públicas es un bien democrático, sería conveniente que la esperada ley orgánica, prevista en el título de la Constitución relativo a la Corona y orientada a pormenorizar las reglas sucesorias, incluyera precisiones definitivas sobre las personas que constituyen la casa real y, por tanto, actúan en nombre del Rey, y quienes se dedican a sus negocios privados. Asimismo, debería especificarse el grado de detalle con que la Casa del Rey debe informar y auditar sus cuentas. En momentos de grave recesión económica y con muchas familias españolas atribuladas por el desempleo es importante conocer qué esfuerzos de contención del gasto está haciendo la familia real.

La exigencia de claridad en las cuentas reales constituye el método más eficaz para salvaguardar el prestigio de las instituciones, tal como reclamaba don Juan Carlos. Y así parece haberlo entendido la Casa Real.

Fuente: El País


¿Qué es más económico, una Monarquía o una República?


  • El presupuesto de la Casa Real para 2011 es de 8,34 millones, sin incluir partidas como viajes o mantenimiento de Palacios, asumidas por diversos ministerios del Estado. Mantener a la Monarquía nos cuesta a cada español 19 céntimos de euros al año. / EFE

  • La Casa Real ha decidido hacer público el desglose de su presupuesto como gesto de transparencia, en un momento en el que la institución está siendo muy cuestionada dado las informaciones publicadas que señalan al Duque de Palma como supuesto cabecilla de una trama de corrupción. Hay que subrayar la importancia de esta iniciativa, puesto que la Constitución, en su artículo 65, faculta al Rey a distribuir libremente la cantidad que el Estado le otorga para el sostenimiento de la Casa y de su familia.

    Los más críticos con la corona española siempre han aducido el argumento del gasto que supone mantener a la familia real. Sin embargo, comparando la asignación anual que recibe el Monarca con respecto a otras monarquías, el Rey no es el más despilfarrador. El presupuesto de la Casa Real para 2011 ha sido de 8,43 millones de euros, aunque no se incluyen partidas como los viajes o el mantenimiento de los palacios, que corre a cuenta de diversos ministerios.

    A la cabeza de las monarquías más opulentas se encuentra la reina Isabel II de Inglaterra. Aunque a su favor se ha de precisar que la monarquía británica siempre se ha citado como ejemplo de transparencia, ya que siempre ha detallado anualmente la distribución de los más de 50 millones de euros asignados por el Estado.

    En segundo lugar está la casa real holandesa, con una partida de 39,6 millones de euros. Seguida de Noruega, con 28 millones, Bélgica, con 13,7 y Dinamarca y Suecia con 12 millones.

    Si reducimos el debate de Monarquía o República al gasto de su mantenimiento, los datos económicos nos dicen que mantener a un Rey y a sus vástagos es más barato para los contribuyentes que un Presidente de República. Comparando la Corona española –incluyendo las partidas no asumidas por la asignación del Rey Juan Carlos I- con las repúblicas más importantes de Europa como la italiana, la francesa o la alemana, la conclusión es que la Familia  real española nos sale ‘tirada’. La república italiana dilapida cada año 235 millones de euros de los presupuestos. Los franceses se gastan en su presidente 112 millones, que este año se ha subido el sueldo. Y en Alemania, el coste de la presidencia supone 40 millones de euros.

    Fuente: La Gaceta

  • sábado, 12 de noviembre de 2011

    Según El Confidencial: Nuevo borrón en una monarquía que suspenden los ciudadanos

    Raquel Benito  12/11/2011  (06:00h)


    La imagen de la Casa Real está sufriendo un nuevo borrón tras conocerse que Iñaki Urdangarín, marido de la infanta Cristina de Borbón y yerno del Rey, se enfrentará a más de 15 años de prisión si es imputado por el caso Palma Arena,  por el que podría tener que responder de hasta cinco delitos: malversación, falsedad, fraude a la administración, cohecho y tráfico de influencias.

    Por el momento, desde la Casa Real se guarda un prudente silencio oficial “sobre una investigación que está en el ámbito judicial”, tal y como recordaba esta semana un portavoz del Palacio de la Zarzuela. Pero no es un secreto la preocupación que existe en el seno de la Familia Real, especialmente después de que la institución monárquica registrase en octubre, por primera vez en la historia, un suspenso (4,89 puntos) en valoración y confianza de los ciudadanos, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

    Presente y futuro de la monarquía en España

    En las últimas encuestas que ha realizado el CIS sobre la monarquía los jóvenes, entre 18 y 24 años, la evaluaron con un 5,18 (sobre 10) en 2003, un 4,77 en 2006, un 4,93 en 2008 y un 4,35 en 2011. Además, en este último estudio, la institución suspende en todos los tramos de edad salvo en los de 55 a 64 años y 65 años y más. Unos datos que pueden interpretarse como una preocupante falta de sintonía de la Casa Real con las nuevas generaciones.

    El Confidencial se ha puesto en contacto con Pedro Schwenzer, presidente de la Asociación Monárquica Europea, quien considera que los resultados de las encuestas son consecuencia “del calado que la prensa amarilla tiene en la sociedad” y defiende la utilidad de la monarquía por “la estabilidad, representación e imagen” que aporta.

    Preguntado por el 'caso Urdangarín', Schwenzer lo ha calificado de “negativo para la imagen de la Casa Real” que, según él, “debería hacer un comunicado oficial para aclarar la situación”.  Una prudencia, que a su juicio, es también “excesiva” a la hora de pronunciarse para preservar “la unidad nacional frente a los independentistas”.

    En cualquier caso, desde la Asociación Monárquica Europea, defienden la imparcialidad de la monarquía y el peso de la figura del Rey, que a su juicio transmite “seriedad” y “ha sido clave en numerosas ocasiones para la política exterior española y la democracia española”. Una opinión que compartía el 75% de los españoles, según el estudio 25 años después del CIS, publicado en diciembre de 2000 con motivo del veinticinco aniversario de nuestra democracia, pero que parece haberse quedado demasiado atrás en el tiempo.

    Casa Real, una cuestión de imagen

    Muchos son los ojos que examinan cada movimiento de los miembros de la Familia Real, que acumula demasiados tropiezos en los últimos años. Si los escándalos más sonados son los protagonizados por Iñaki Urdangarín y Jaime de Marichalar, enormemente penalizado por la opinión social durante y después de su matrimonio con la infanta Elena de Borbón, el presidente de la Asociación Monárquica Europea, ha recordado que “el Rey es el primero que debería tener mucho más cuidado con la imagen que transmite”.

    Entre los últimos acontecimientos que han puesto en entredicho a Don Juan Carlos está su última escapada para practicar la cacería. El hecho en sí habría pasado desapercibido de no ser porque el lunes, después de pasar el puente de Todos los Santos de caza en la finca de la Encomienda de Mudela (Ciudad Real), los médicos del jefe del Estado fueran tajantes: “No más esfuerzos por ahora”, lo que provocó la suspensión de la agenda de trabajo del monarca.

    Este hecho, o la peineta con la que el rey respondió a los abucheos recibidos en su visita a Vitoria en 2004, llevan a Pedro Schwenzer a recordar que “los reyes borbones han desatendido históricamente su imagen”. Un aspecto en el que la Reina Doña Sofía “ha demostrado ser más inteligente”, ha resaltado.

    Ahora queda por ver si los borrones siguen penalizando la imagen de la Casa Real o, por el contrario, ésta consigue recuperar la confianza de la sociedad. Para ello, podría acudir a la figura del Príncipe Felipe con el objetivo de refrescar la monarquía. Un Felipe que también está teniendo que lidiar con los numerosos comentarios alrededor de la figura de su mujer, Letizia Ortiz, y por el que el CIS no pregunta desde 1998. ¿Qué opinión tendrán los españoles del heredero directo de la Corona?



    viernes, 5 de marzo de 2010

    El constitucionalismo español hasta la Restauración

    por Ibiza Melián

    (“Defensa del Parque de Artillería de Monteleón”, Joaquín Sorolla y Bastida)

    Los prolegómenos constitucionales españoles arrancarán con el Estatuto de Bayona, promulgado por Napoleón el 6 de Junio de 1808. Aunque no era exactamente una Constitución, sino una Carta Otorgada. Con la que se concebía una monarquía dependiente de Francia, al frente de la cual el dictador colocó a su hermano José. Pese a las insuficiencias de legitimidad del documento, lo cierto es que estaba influido por atisbos liberales. Al tratar someramente acerca de los derechos y libertades, además de la división de poderes. Fundamentos de los que se impregnará la Constitución de 1812.

    La primera Constitución española se gestará tras la batalla de Bailén y el abandono del Trono por José Bonaparte. Suscrita el 19 de Marzo de 1812. Si bien entre esa fecha y 1837 únicamente se encontrará en vigor seis años y no consecutivos. A tenor del fuerte enfrentamiento entre absolutistas y liberales. Optando por unas Cortes monocamerales y una monarquía moderada, en la que el rey, todavía conservando amplias facultades de ejecución y dirección política, no ejerce el poder absoluto. Recayendo en esta fase la corona en la figura de Fernando VII, mas su relación con la Carta Magna rubricada se caracterizará por una continua contradicción y suspicacia.

    La Constitución de 1812 fue interpretada, fuera de nuestras fronteras, como símbolo del liberalismo y el progreso. Y serán los partidarios de la misma los que acuñarán originariamente el término liberal. En su artículo 2 se declaraba: la nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna persona”. Desplazando el mandato representativo al imperativo. Usado hasta ese instante por los nobles para ordenar a sus representantes los postulados a defender en cada momento. Texto articulado bajo el precepto de sufragio activo universal masculino. No existiendo mención alguna en torno a la posibilidad de disolución de las Cortes por parte del Rey. Se decreta la libertad de imprenta y la de expresión de pensamiento, se deroga la tortura y se liberaliza la economía.

    El 18 de Junio de 1837, la Regente María Cristina, designada testamentariamente por su esposo Fernando VII, aceptará y jurará otra norma jurídica suprema, actuando en nombre de su hija Isabel, menor de edad. Mucho más moderada que la anterior, quizás aspirando a alcanzar el máximo consenso entre los distintos sectores en pugna. Tal fue el caso, que el sufragio universal masculino fue sustituido por el sufragio censitario directo. Basada en la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes, las cuales serán en este caso bicamerales: Congreso de los Diputados y Senado. Denominaciones que llegarán hasta nuestros días. Disponiendo el Rey del veto legislativo y la capacidad de disolución de las Cortes. Mecanismo del que se abusará reiteradamente.

    (Jura de Fernando VII como príncipe de Asturias)

    Finalmente María Cristina será obligada a exiliarse por el General Espartero, quien ocupará el cargo de Regente hasta 1843. Adelantando las Cortes la mayoría de edad de Isabel II en un año.

    Correspondiendo ya a la Reina Isabel II la ratificación de la Constitución de 1845. Pasajes que reducirán la autonomía de las Cámaras y reforzarán la autoridad de la Corona sobre las mismas. De apariencia más conservadora que la de 1837, si bien igualmente supeditada a la fórmula de Cortes bicamerales: Congreso y Senado. Mostrándose, por tanto, como un periodo involucionista con respecto al precedente. Restringiéndose las libertades individuales. Impulsándose la codificación civil a través de la unidad de fueros. Punto que fracasará estrepitosamente por la escasez de diálogo con las diversas regiones afectadas. La férrea represión que acompañó a la vigencia de esta Carta Magna conducirá a la elaboración de una nueva, la de 1856, que no llegará a ser refrendada. Conocida como la Constitución nonata.

    Desde 1866 las proclamas de levantamiento se suscitan a lo largo de la geografía nacional. Inmersa en un persistente estado de excepción. Partiendo de Cádiz igualmente la contienda. Extendiéndose después a Andalucía, Levante y Cataluña. Abocando a Isabel II a dejar el país para refugiarse en Francia. Irrumpiendo así la Constitución de 1869.

    La Constitución de 1869 se insuflará de un claro aire progresista. Asumiendo los principios de: soberanía nacional y el sufragio universal masculino. Aseverando su artículo 32: “la soberanía reside esencialmente en la nación, de la cual emanan todos los poderes”. Albergando una de las declaraciones de derechos más largas de las manifestadas en las dispares constituciones españolas. Se erigirá sobre la figura de la Monarquía parlamentaria. Constituida la Corona como un poder más, adscrito a las concretas potestades conferidas en el documento. Decantándose por un bicameralismo perfecto o cuasiperfecto, con prácticamente igualdad de funciones entre ambas Cámaras. Imponiéndose en el Trono a Amadeo de Saboya. No obstante, la falta de seguridad decisoria en el ejercicio gubernamental terminará en otro episodio de convulsión política y social.

    (Alegoría de La Niña Bonita sobre la I República Española, publicada en La Flaca, revista humorística y liberal del siglo XIX)

    Amadeo de Saboya abdicará el 11 de Febrero de 1873, proclamándose la I República. Que esboza un proyecto constitucional federal, a imagen del federalismo estadounidense. Pero manteniendo señaladas semejanzas con la Constitución de 1869. Mas no llegó a ser promulgado. La entrada a caballo del General Pavía en el Congreso pondrá fin a esta época, el 3 de Enero de 1874. Prosiguiendo una relativamente larga y estable etapa: La Restauración.

    Publicado por Ibiza Melián en Historias de un pueblo


    jueves, 28 de agosto de 2008

    In Memoriam: S.A.R. Don Juan Conde de Barcelona

    El primero de los dos artículos siguientes se publicó en el Nº 7/8 - 1993 de Monarquía Europea, el segundo no llegó a publicarse. Sirvan ambos para rememorar a este gran hombre que debía haber sido Rey y no pudo serlo por las circunstancias históricas y políticas en España en 1977 y su personal enfrentamiento con el general Franco. Sin duda habría sido un gran Rey de España.


    DON JUAN DE BORBON
    por Francesc Xavier Montesa
    Secretario General de la AME

    A
    las ocho de la tarde, en un día lluvioso y gris, las baterías antiaéreas del Castillo de Montjuic disparaban cinco salvas de artillería para anunciar a la ciudad de Barcelona algo que ya conocía Cataluña y España entera. Don Juan de Borbón, quien durante más de cincuenta años había ostentado con inigualable dignidad el título soberano de Conde de Barcelona, había muerto.

    La noticia era temida pero esperada, porque todos sabíamos desde hacía tiempo que padecía un cáncer y desde hacía meses que había entrado en una fase terminal e irreversible.

    La muerte del Conde de Barcelona ha servido para que el pueblo español valorara en su justa medida la trayectoria humana y política de este gran Rey sin Corona. El país entero se ha lanzado en alabanzas hacia Él y eso es realmente importante para nosotros en particular y para la sociedad española en general. Ahora vivimos en libertad y a nadie se le obliga a deshacerse en elogios de nadie, basta con el silencio para demostrar desaprobación. Pero nadie socialmente representativo ha guardado silencio ante Don Juan.

    Desde el fallecimiento de su augusto padre el Rey Don Alfonso XIII, el Conde de Barcelona se puso como norte de su existencia la Restauración de la Monarquía, única Institución capaz de cicatrizar las profundas heridas surgidas de la Guerra Civil. La España que Don Juan quería, reflejada en el Manifiesto que dirigió a los españoles en Lausana, el 14 de marzo de 1948, que fue censurado por el régimen franquista, era una España democrática y constitucional, en la que se reconocieran los "derechos inherentes a la persona humana, y garantía de las libertades políticas correspondientes", abogaba por el "establecimiento de una Asamblea Legislativa, elegida por la nación", por "el reconocimiento de la diversidad regional", por "una más justa distribución de la riqueza y la supresión de injustos contrastes sociales".

    Para la consecución de estos objetivos, Don Juan no dudó en renunciar a todo. Algo que difícilmente hubiera podido realizar un ser humano que no hubiera sido educado desde la cuna a poner los supremos intereses de España por encima de los suyos personales. renunció a la compañía de su hijo, quien en 1948 se trasladó a estudiar en nuestro país, a fin y efecto de que tuviera contacto y conociera la situación española, aún sabiendo que los problemas serían ingentes. Y renunció a sus derechos históricos que sólo a él le correspondían en favor de su hijo a quien de esta manera trasladó la legitimidad de origen de la que carecía. este sencillo pero generoso acto sirvió para que poco después la Constitución actualmente en vigor pudiera definir a Don Juan Carlos I como "legítimo heredero de la Dinastía histórica".

    No es extraño que el real Decreto en el que se ordenaba se rindieran honores de Rey de España a Don Juan, firmado por su hijo, constituya todo un homenaje filial de respeto y cariño. "Su entrega - dice - a la causa de la libertad, la paz y la concordia del pueblo español, ejemplo de generosidad y de renunciamiento, con el deseo de mostrar la admiración y el agradecimiento que se recuerdo merecen, honrarle y reconocerle el tratamiento que corresponde a su augusta persona", para finalmente ordenar la inhumación de sus restos en el panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

    Su actitud sacrificada y discreta para el logro de un objetivo histórico: el consenso social y político en torno a la Monarquía parlamentaria no fue sólo reconocida en nuestras fronteras, sino también fuera de ellas, muy particularmente.

    Las Casas Reales de Europa y del mundo entero quisieron rendirle tributo de respeto y admiración. Los Reyes de Bélgica, Grecia, Rumanía y Bulgaria, los Grandes Duques de Luxemburgo, el Príncipe de Gales, las Princesas Astrid de Noruega y Cristina de Suecia, la Reina Ingrid, Reina Madre de Dinamarca, el Príncipe Bernardo de los Países Bajos, los Príncipes Rainiero y Alberto de Mónaco, el Príncipe Hans Adam II de Liechtenstein, el Príncipe Mohamed de Marruecos, el Gran Maestre Soberano de la Inclita Orden de San Juan de Jerusalén, Orden de Malta, el Archiduque Otto de Austria-Hungría, el Príncipe Jorge de Bagration, Heredero de la Corona de Georgia, el Príncipe Víctor Manuel de Italia, el Príncipe Enrique, Conde de Clermont, Delfín de Francia, y un largo etcétera quisieron darle el último adiós en la Misa solemne que se celebró el día 7 de abril de 1993 en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

    La preocupación e interés por nuestro país le acompañaron hasta sus últimos días. "El Rey - decía - se interesa por mi salud y por la de España."

    Esta Asociación quiere suscribir como propias las palabras que S.A.R. el Duque de Calabria nos remitió al agradecernos nuestro pésame por la muerte de Don Juan. "Para España y para nosotros es una gran pérdida."

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    S.M. DON JUAN III, REY DE ESPAÑA
    por José Antonio Marcos Lecuona (+ 1993)


    La Corona como institución histórica

    No es difícil el aceptar que la Monarquía española se halla inseparablemente unida a nuestra Historia, a la que ha aportado innumerables servicios en los más variados campos que la vida en sociedad permite y que esta institución representa nuestro existir en común a través de las sucesivas generaciones asentándose en el sufragio de los siglos, mediante su adaptación, hasta llegar a nuestros tiempos de la Monarquía parlamentaria.

    Por vez primera en nuestra Historia, la Monarquía se libera de todo poder político al residir la soberanía en el pueblo ejercido a través de los partidos y habernos dotado de un sistema constitucional en el que "el Rey no gobierna, sólo reina", y lo hace a través de su "autoridad" para moderar y arbitrar el funcionamiento regular de las instituciones.

    No sería justo decir que lo que sea España depende de las personas que ahora tengamos el derecho al sufragio, prescindiendo del pasado y del esfuerzo y sacrificios de muchas generaciones, en pro de una convivencia más libre y más justa, quienes gracias a tan decisiva colaboración tienen el derecho a ser tenidas en cuenta, entre otros extremos por haber querido vincular a la Monarquía hereditaria a la permanencia de tan gloriosa tradición.

    Eso nos permite mantener que el mayor acierto en la salida de un régimen autoritario a uno de libertades, fue la Restauración de la Monarquía, que con la lealtad del Ejército, permitió realizar la transición que demandaba el pueblo español de forma pacífica.


    Un ejemplo de vida al servicio de España

    La vida de Don Juan de Borbón, desde cualquier ángulo que se examine, con el debido conocimiento y rigor, huyendo de la simplificación y del sectarismo, es un ejemplo de abnegación y de sacrificio, en favor de la conservación de los derechos dinásticos que había recibido y de servicio a los españoles y a España, sin condiciones ni desmayos, pese al ambiente hostil y adversas circunstancias que hubo de afrontar.

    Y ello lo comprobamos en algunas de las declaraciones que ha realizado en los 36 años de su heróico vivir desde que recibió de su padre, S.M. Don Alfonso XIII, en el año 1941, los derechos dinásticos, hasta que renunciara a ellos en favor de la persona de Su hijo Don Juan Carlos I, haciendo posible que el artículo 57.1 de nuestra Constitución proclamara a éste legítimo heredero de la dinastía histórica.

    Y así resulta ocioso releer algunas de aquellas que muestran la grandeza y espíritu de servicio de esta egregia persona:
    "La Monarquía presupone la ausencia de todo espíritu de bandería, por aspirar a la concordia entre los hermanos."
    "El ser Rey no es un galardón, ni un honor, y si me apuráis, ni un derecho; es fundamentalmente un deber, un grave y trascendental deber de servir a España."
    "Desde que Dios dispone nuestro nacimiento en el seno de una Familia Real, cargamos con una serie de responsabilidades, aparejadas a una lista de deberes y derechos. Estos últimos no pueden ser válidos en tanto no cumplamos escrupulosamente con aquellos."
    "Por ello, instaurada y consolidada la Monarquía en la persona de mi hijo y heredero Don Juan Carlos, creo llegado el momento de entregarle el legado histórico que hereda."
    Siendo contestado por el actual Monarca, con las siguientes palabras:

    "En estos momentos de indudable trascendencia para España y para Nuestra Familia, y al recibir de Tus Manos el legado histórico que me entregas, quiero rendirte el emocionado tributo de mi cariño filial, unido al respeto profundo que siempre Te he profesado, al comprender desde niño que sobre todo y por encima de todo, Tú no me has tenido nunca otro ideal que la entrega absoluta al servicio del pueblo español."


    No es fácil encontrar en la Historia de España una persona que haya llevado el cumplimiento de su deber y la custodia del legado recibido, para dotarnos a los españoles de un sistema político de derechos y libertades a tan alto grado de exigencia y sacrificio.


    Justificación del reconocimiento del título de Rey a Don Juan de Borbón

    En primer lugar por la guarda y custodia de un legado histórico limpio, que tenía como meta que el titular de la Corona fuese Rey de todos los españoles, cuyo servicio ha permitido que su hijo, pese a heredar importantes poderes del antiguo régimen, hiciera posible la transición, devolviendo al pueblo la soberanía y facilitando la aprobación de una Constitución en la que quedaban reducidas sus funciones a las que permite su sola autoridad en la moderación y el arbitraje, dejando el juego político a los partidos como expresión organizada del pueblo.

    La condición de Padre del Rey encuentra también precedentes en la Historia, que por analogía permitirían aplicarse, al hallarnos ante un heredero legítimo de la dinastía que ha sufrido las cargas de tal herencia sin ninguno de sus honores ni gozos, recordando algunos de nuestros Reyes tras la abdicación en favor de sus hijos como p.e. Felipe V en favor de Fernando VI o Luis I, o Carlos IV en favor de Fernando VII, han pasado a la Historia como Reyes de España, o en Francia con la sucesión de Luis XVI, que a la muerte de su hijo sin reinar, le sucedió el hermano de aquel con el título de Luis XVIII por respeto al sobrino y heredero premuerto.