jueves, 28 de agosto de 2008

In Memoriam: S.A.R. Don Juan Conde de Barcelona

El primero de los dos artículos siguientes se publicó en el Nº 7/8 - 1993 de Monarquía Europea, el segundo no llegó a publicarse. Sirvan ambos para rememorar a este gran hombre que debía haber sido Rey y no pudo serlo por las circunstancias históricas y políticas en España en 1977 y su personal enfrentamiento con el general Franco. Sin duda habría sido un gran Rey de España.


DON JUAN DE BORBON
por Francesc Xavier Montesa
Secretario General de la AME

A
las ocho de la tarde, en un día lluvioso y gris, las baterías antiaéreas del Castillo de Montjuic disparaban cinco salvas de artillería para anunciar a la ciudad de Barcelona algo que ya conocía Cataluña y España entera. Don Juan de Borbón, quien durante más de cincuenta años había ostentado con inigualable dignidad el título soberano de Conde de Barcelona, había muerto.

La noticia era temida pero esperada, porque todos sabíamos desde hacía tiempo que padecía un cáncer y desde hacía meses que había entrado en una fase terminal e irreversible.

La muerte del Conde de Barcelona ha servido para que el pueblo español valorara en su justa medida la trayectoria humana y política de este gran Rey sin Corona. El país entero se ha lanzado en alabanzas hacia Él y eso es realmente importante para nosotros en particular y para la sociedad española en general. Ahora vivimos en libertad y a nadie se le obliga a deshacerse en elogios de nadie, basta con el silencio para demostrar desaprobación. Pero nadie socialmente representativo ha guardado silencio ante Don Juan.

Desde el fallecimiento de su augusto padre el Rey Don Alfonso XIII, el Conde de Barcelona se puso como norte de su existencia la Restauración de la Monarquía, única Institución capaz de cicatrizar las profundas heridas surgidas de la Guerra Civil. La España que Don Juan quería, reflejada en el Manifiesto que dirigió a los españoles en Lausana, el 14 de marzo de 1948, que fue censurado por el régimen franquista, era una España democrática y constitucional, en la que se reconocieran los "derechos inherentes a la persona humana, y garantía de las libertades políticas correspondientes", abogaba por el "establecimiento de una Asamblea Legislativa, elegida por la nación", por "el reconocimiento de la diversidad regional", por "una más justa distribución de la riqueza y la supresión de injustos contrastes sociales".

Para la consecución de estos objetivos, Don Juan no dudó en renunciar a todo. Algo que difícilmente hubiera podido realizar un ser humano que no hubiera sido educado desde la cuna a poner los supremos intereses de España por encima de los suyos personales. renunció a la compañía de su hijo, quien en 1948 se trasladó a estudiar en nuestro país, a fin y efecto de que tuviera contacto y conociera la situación española, aún sabiendo que los problemas serían ingentes. Y renunció a sus derechos históricos que sólo a él le correspondían en favor de su hijo a quien de esta manera trasladó la legitimidad de origen de la que carecía. este sencillo pero generoso acto sirvió para que poco después la Constitución actualmente en vigor pudiera definir a Don Juan Carlos I como "legítimo heredero de la Dinastía histórica".

No es extraño que el real Decreto en el que se ordenaba se rindieran honores de Rey de España a Don Juan, firmado por su hijo, constituya todo un homenaje filial de respeto y cariño. "Su entrega - dice - a la causa de la libertad, la paz y la concordia del pueblo español, ejemplo de generosidad y de renunciamiento, con el deseo de mostrar la admiración y el agradecimiento que se recuerdo merecen, honrarle y reconocerle el tratamiento que corresponde a su augusta persona", para finalmente ordenar la inhumación de sus restos en el panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Su actitud sacrificada y discreta para el logro de un objetivo histórico: el consenso social y político en torno a la Monarquía parlamentaria no fue sólo reconocida en nuestras fronteras, sino también fuera de ellas, muy particularmente.

Las Casas Reales de Europa y del mundo entero quisieron rendirle tributo de respeto y admiración. Los Reyes de Bélgica, Grecia, Rumanía y Bulgaria, los Grandes Duques de Luxemburgo, el Príncipe de Gales, las Princesas Astrid de Noruega y Cristina de Suecia, la Reina Ingrid, Reina Madre de Dinamarca, el Príncipe Bernardo de los Países Bajos, los Príncipes Rainiero y Alberto de Mónaco, el Príncipe Hans Adam II de Liechtenstein, el Príncipe Mohamed de Marruecos, el Gran Maestre Soberano de la Inclita Orden de San Juan de Jerusalén, Orden de Malta, el Archiduque Otto de Austria-Hungría, el Príncipe Jorge de Bagration, Heredero de la Corona de Georgia, el Príncipe Víctor Manuel de Italia, el Príncipe Enrique, Conde de Clermont, Delfín de Francia, y un largo etcétera quisieron darle el último adiós en la Misa solemne que se celebró el día 7 de abril de 1993 en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

La preocupación e interés por nuestro país le acompañaron hasta sus últimos días. "El Rey - decía - se interesa por mi salud y por la de España."

Esta Asociación quiere suscribir como propias las palabras que S.A.R. el Duque de Calabria nos remitió al agradecernos nuestro pésame por la muerte de Don Juan. "Para España y para nosotros es una gran pérdida."

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S.M. DON JUAN III, REY DE ESPAÑA
por José Antonio Marcos Lecuona (+ 1993)


La Corona como institución histórica

No es difícil el aceptar que la Monarquía española se halla inseparablemente unida a nuestra Historia, a la que ha aportado innumerables servicios en los más variados campos que la vida en sociedad permite y que esta institución representa nuestro existir en común a través de las sucesivas generaciones asentándose en el sufragio de los siglos, mediante su adaptación, hasta llegar a nuestros tiempos de la Monarquía parlamentaria.

Por vez primera en nuestra Historia, la Monarquía se libera de todo poder político al residir la soberanía en el pueblo ejercido a través de los partidos y habernos dotado de un sistema constitucional en el que "el Rey no gobierna, sólo reina", y lo hace a través de su "autoridad" para moderar y arbitrar el funcionamiento regular de las instituciones.

No sería justo decir que lo que sea España depende de las personas que ahora tengamos el derecho al sufragio, prescindiendo del pasado y del esfuerzo y sacrificios de muchas generaciones, en pro de una convivencia más libre y más justa, quienes gracias a tan decisiva colaboración tienen el derecho a ser tenidas en cuenta, entre otros extremos por haber querido vincular a la Monarquía hereditaria a la permanencia de tan gloriosa tradición.

Eso nos permite mantener que el mayor acierto en la salida de un régimen autoritario a uno de libertades, fue la Restauración de la Monarquía, que con la lealtad del Ejército, permitió realizar la transición que demandaba el pueblo español de forma pacífica.


Un ejemplo de vida al servicio de España

La vida de Don Juan de Borbón, desde cualquier ángulo que se examine, con el debido conocimiento y rigor, huyendo de la simplificación y del sectarismo, es un ejemplo de abnegación y de sacrificio, en favor de la conservación de los derechos dinásticos que había recibido y de servicio a los españoles y a España, sin condiciones ni desmayos, pese al ambiente hostil y adversas circunstancias que hubo de afrontar.

Y ello lo comprobamos en algunas de las declaraciones que ha realizado en los 36 años de su heróico vivir desde que recibió de su padre, S.M. Don Alfonso XIII, en el año 1941, los derechos dinásticos, hasta que renunciara a ellos en favor de la persona de Su hijo Don Juan Carlos I, haciendo posible que el artículo 57.1 de nuestra Constitución proclamara a éste legítimo heredero de la dinastía histórica.

Y así resulta ocioso releer algunas de aquellas que muestran la grandeza y espíritu de servicio de esta egregia persona:
"La Monarquía presupone la ausencia de todo espíritu de bandería, por aspirar a la concordia entre los hermanos."
"El ser Rey no es un galardón, ni un honor, y si me apuráis, ni un derecho; es fundamentalmente un deber, un grave y trascendental deber de servir a España."
"Desde que Dios dispone nuestro nacimiento en el seno de una Familia Real, cargamos con una serie de responsabilidades, aparejadas a una lista de deberes y derechos. Estos últimos no pueden ser válidos en tanto no cumplamos escrupulosamente con aquellos."
"Por ello, instaurada y consolidada la Monarquía en la persona de mi hijo y heredero Don Juan Carlos, creo llegado el momento de entregarle el legado histórico que hereda."
Siendo contestado por el actual Monarca, con las siguientes palabras:

"En estos momentos de indudable trascendencia para España y para Nuestra Familia, y al recibir de Tus Manos el legado histórico que me entregas, quiero rendirte el emocionado tributo de mi cariño filial, unido al respeto profundo que siempre Te he profesado, al comprender desde niño que sobre todo y por encima de todo, Tú no me has tenido nunca otro ideal que la entrega absoluta al servicio del pueblo español."


No es fácil encontrar en la Historia de España una persona que haya llevado el cumplimiento de su deber y la custodia del legado recibido, para dotarnos a los españoles de un sistema político de derechos y libertades a tan alto grado de exigencia y sacrificio.


Justificación del reconocimiento del título de Rey a Don Juan de Borbón

En primer lugar por la guarda y custodia de un legado histórico limpio, que tenía como meta que el titular de la Corona fuese Rey de todos los españoles, cuyo servicio ha permitido que su hijo, pese a heredar importantes poderes del antiguo régimen, hiciera posible la transición, devolviendo al pueblo la soberanía y facilitando la aprobación de una Constitución en la que quedaban reducidas sus funciones a las que permite su sola autoridad en la moderación y el arbitraje, dejando el juego político a los partidos como expresión organizada del pueblo.

La condición de Padre del Rey encuentra también precedentes en la Historia, que por analogía permitirían aplicarse, al hallarnos ante un heredero legítimo de la dinastía que ha sufrido las cargas de tal herencia sin ninguno de sus honores ni gozos, recordando algunos de nuestros Reyes tras la abdicación en favor de sus hijos como p.e. Felipe V en favor de Fernando VI o Luis I, o Carlos IV en favor de Fernando VII, han pasado a la Historia como Reyes de España, o en Francia con la sucesión de Luis XVI, que a la muerte de su hijo sin reinar, le sucedió el hermano de aquel con el título de Luis XVIII por respeto al sobrino y heredero premuerto.

sábado, 23 de agosto de 2008

Simeón II es nuestra única esperanza

Aclamado por su pueblo - Obligado al exilio por el régimen comunista

Éxito del viaje de la hermana de S.M. el Rey de Bulgaria, Doña María Luisa (1991)


por Stephane Bern
(entonces) enviado especial de Figaro Magazine en Sofia


Por vez primera en cuarenta y cinco años [por 1991], un miembro de la Familia Real búlgara volvió a Sofia. La entusiasmada multitud, que recibió a la Princesa María Luisa, hermana del Rey Simeón II, era expresión de la vitalidad del sentimiento monárquico.

Fueron tantos, miles, decenas e incluso cientos de miles de búlgaros de todas las edades, masas delante del aeropuerto de Sofia y a lo largo de la autovía que lleva al centro de la ciudad. Esperaron durante horas, con banderas nacionales, ramos de flores y retratos del Rey en la mano, la vuelta de la Knjaginja (hija del rey). Y cuando, por fin, ella puso sus pies en el suelo de su país, fue el delirio. El cortejo se abrió paso a duras penas, el Paseo de Lenin estuvo negro de una multitud llena de alegría, que gritaba sin cesar: "¡SIMEÓN! ¡SIMEÓN! ¡SIMEÓN!".

Mientras, el poder ex comunista había hecho todo lo posible para cercar a las masas, incluso recurrió a sabotear la electricidad con el fin de provodcar incidentes. Y a decir verdad, no se esperaba ver a más de 200.000 búlgaros descender por las calles de Sofia para recibir a la hija del bien amado Rey Boris III y reclamar la vuelta de Simeón II.

La visita turística de la Princesa María Luisa, que volvió "para que su marido conociera su país", tornó las perspectivas del plebiscito a favor de la Monarquía. Más de un resistente anticomunista no quiso dejar pasar la ocasión para saludar la vuelta de la Princesa. El escritor Rador Ralin, figura de la resistencia, el diputado monárquico Marol Jungaloff, diputados socialistas, personalidades eminentes de la oposición, incluso de primer rango como el presidente del sindicato libre Podkrepa, Constantino Trentchev. Si este último, oficialmente, no se podía pronunciar a favor de una solución monárquica, no callaba en privado su apoyo al Rey y a la Familia Real.

"L
a única persona que no está politizada en Bulgaria, la única que puede permitir una consolidación de la nación y la única de la que se puede estar seguro de que no estuvo comprometida con los comunistas, esa persona es el Rey Simeón II."

E
ste reencuentro con la historia fue también un momento de emoción. Fue volver a ver a sus "viejos compañeros de cuando tenían trece años", su visita al Monasterio de Rila, donde el Rey Boris III fue inhumado temporalmente, el paseo del antiguo Palacio Real de Vrana, dejado abandonado, y el recogimiento de la Princesa ante lo que creía era la tumba de su padre. Y ¿cómo olvidar la ovación que ella recibió en el estadio de Sofia durante el final de los dos equipos campeones de Bulgaria? ¿Cómo no evocar las oraciones fervorosas durante la misa dominical en la Catedral de San Alejandro Nevski? Foto: S.M. el Rey Boris III.

L
a visita de la Princesa devolvió, seguramente, el espíritu al pueblo búlgaro. Así, Víctor, un joven estudiante de veinte años, se inclinó a besar la mano de su Princesa. "Sólo el Rey puede salvarnos. Con sus relaciones internacionales puede salvar nuestra economía, y como él es neutral, puede recomponer el país." ¿Simplista? Quizás, pero hoy por hoy, al Rey Simeón II se le ve como el papa Noël, el Salvador.

Esta visita fue también un test para la Monarquía. Tanto en el Partido Socialista como en la oposición se tiene conciencia de ello. "De hoy en adelante hay que contar con el Rey", confíaba, reticente, Stefan Savov, entonces presidente del Partido Democrático y que estuvo decidido a hacer una visita al Rey en Madrid. Foto: S.A.R. la Princesa María Luisa recibida calurosamente por el pueblo.

Pero tampoco los ex comunistas fueron los más recelosos en esperar la vuelta del Rey: Le veían como una varilla mágica para hacer milagros en un clima político extremadamente tenso y veían a Simeón II como una cura de salud. Sea como fuere, la Monarquía volvió a ser, claramente considerada, una cosa que parecía aún impensable hasta 1989. La ironía de la historia, cuanrenta y cinco años [por 1991] después de la toma violenta del poder por los comunistas en Sofia, la Monarquía cada día ganaba terreno y puntos.

Lo dijo S.M. el Rey Simeón II en 1965:

"Estoy seguro que si mañana el pueblo quiere elegir el restablecimiento de la Constitución de Tirnovo, no deberemos defraudarlo. Y digo elegir,. porque deseo (si al pueblo se le da la oportunidad de votar) de ratificar mi victoria con un plebiscito, a pesar del hecho de que, de acuerdo con nuestra Constitución, estoy en el vigésimo segundo año de mi reinado."


La anulación del referéndum institucional, fijado precipitadamente por el gobierno de entonces para el 6 de julio de 1991, fue un paso hacia adelante para el restablecimiento de la legitimidad de la Constitución de Tirnovo. Pero los comunistas nunca dejan de maniobrar para evitar una restauración monárquica o el restablecimiento de la constitución democrática que estaba en vigor hasta el golpe de estado llevado a cabo por los comunistas con el apoyo de los invasores soviéticos.
Posteriormente, se aprobó una nueva constitución sin restablecer la de Tirnovo, seguramente un error muy grave. Está visto que los políticos, en cuanto se acostumbran a no tener a un Rey que les vigile o modere, ven mucho más fácil utilizar la máxima institución del estado nen su propio beneficio, no en el beneficio de su pueblo. Esa es la esencia de la república.

La Monarquía Búlgara


678: Creación del estado búlgaro.
679-1018: Primera Monarquía
865: Reinado de Boris I, cristianización del pueblo búlgaro.
893-897: Reinado de Simeón I, edad de oro cultural y política.
1018: Bulgaria conquistada por Bizancio.

1186-1396: Segunda Monarquía
1396: Conquista por el Imperio Otomano.
1884: Independencia de Bulgaria. Alejandro de Battemberg primer príncipe soberano del nuevo Principado de Bulgaria como Alejandro I de Bulgaria.


1887-1946 (1946): Tercera Monarquía
1887: Fernando I, Príncipe de Bulgaria.
1908: Fernando I se proclama Rey de Bulgaria.
1918: Abdicación de Fernando I a consecuencia de la Primera Guerra Mundial.
1918: Boris II, Rey de Bulgaria
1943: Boris II asesinado por los invasores comunistas.
1943: Simeón II entronizado.
1946: El Ejército Rojo de la URSS obliga al Rey al exilio.

Publicado en Monarquía Europa Nº 1 - Año 1 - Junio/Agosto 1991 - con ligeras actualizaciones

viernes, 22 de agosto de 2008

La Monarquía y la Unión Europea

por Juan Marcos Vallejo García


"Tres de enero de 2020. Nos encontramos en el salón de Plenos del Parlamento Europeo de Estrasburgo. Dentro de unos momentos tendrá lugar la ceremonia oficial de relevo en la jefatura del Estado Federal Europeo.

E
n unos instantes, Su Majestad la Reina Victoria I de Suecia pronunciará un breve discurso, tras el cual Su Majestad Felipe VI de España pasará a sucederla y por tanto a ostentar la máxima magistratura europea durante el año que ahora comienza ..."

E
sto, que ahora parece un relato de política-ficción, bien podría ser una realidad dentro de unos 30 ó 40 años, o incluso antes.

E
uropa está en plena transformación, está sufriendo unos cambios que nos hacen difícil seguirlos y entenderlos, no por la rapidez con que se suceden, sino más bien por su trascendencia y su significado. ¿Quién iba a predecir hace sólo unos años el derrumbamiento de la URSS, el nacimiento de nuevos países, o la desaparición de otros como es el caso de Yugoslavia?

P
ues bien, como es lógico, las formas de Gobierno desaparecen, se transforman o renacen, siendo esto último lo que sucede ahora con la Monarquía.

D
espués de setenta años, podemos ver retratos de S.M. el Zar Nicolás II siendo portados por la multitud enfrente mismo del mausoleo de Lenin, o miles de ciudadanos pedir en Sofia el regreso de S.M. el Rey Simeón II. Es claro, pues, que la Monarquía resurge hoy con fuerza, a pesar de quienes ya habían firmado su acta de defunción.

P
ero, ¿cuál es el papel de la Institución monárquica en una Europa unida, en la que habrá Estados republicanos? ¿Qué papel aguarda a los soberanos de unos Reinos que se habrán diluido en una nueva entidad supranacional?

U
na cosa está clara, y es que si a la Monarquía no se le da cabida en el nuevo esquema europeo, correrá el riesgo de quedar, ahora sí, en un adorno, en una reliquia del pasado sin ninguna utilidad, con lo que estaríamos malgastando su inmenso potencial sobradamente demostrado hasta ahora como es el caso español.

C
on el fin de evitar esta situación, lo ideal sería darle el papel que por derecho le corresponde, es decir, si los Estados nacionales independientes de Europa nacieron en su mayor parte de la mano de la Institución monárquica, qué mejor reconocimiento para ella que otorgarle la suprema representación de la Europa unida.

L
a forma de articular esta representación sería decidida por el Parlamento Europeo, pero bien podría ser a través de un sistema rotatorio entre todos los soberanos, siguiendo el ejemplo actual de la presidencia de la Comunidad Europea, pero en este caso tal vez fuese mejor un período más largo que seis meses, por ejemplo un año.

P
or supuesto, como corresponde a un poder moderador y de arbitrio, esta alta magistratura carecería de todo poder, quedando depositado éste en el jefe del Gobierno Federal Europeo.

C
on esto se evitarían los enfrentamientos electorales entre partidos a la hora de decidir quién ocuparía este puesto, así como recelos partidistas y nacionalistas, ya que la Monarquía es de todos y para todos, esto sin mencionar que las Familias Reales europeas mantienen lazos familiares entre ellas.

A
sí, Europa demostraría al mundo que, a la vez que avanza hacia nuevas formas de convivencia y desarrollo, no olvida quién ha ido forjando su historia y es depositaria de ella, la Monarquía.

S
eguramente, a más de uno le parecerá todo esto una idea peregrina. ¿Acaso en su momento no lo fue también el imaginar los sucesos que estamos viviendo? De todas formas, tal vez sería bueno meditar sobre el futuro de las Monarquías en una Europa que se transformará rápidamente y camina hacia su unidad política y social.


Publicado en Monarquía Europea Nº 7/8 - Año III - Octubre 1993

Passat, Present i Futur de la Monarquía



La Monarquia significa l'enllaç entre història i futur d'una nació. Gàcies al Rei d'Espanya, la nostra Monarquia es l'exemple a seguir per a moltes nacions europees que van perdre la seva institució històrica en contra de la voluntat dels seus pobles.

La nostra Monarquia amb la nostra adhesió i el nostre recolzament actiu, difonent els coneixements sobre aquesta institució única i més virtuosa, no només ens garantim la unitat, la pau i la continuïtat, la democràcia i les llibertats públiques, sinó donem a més, esperan­ces als nostres pobles germans europeus de poder arribar a aquestes mateixes garanties.

A
ssociacieu-vos a l'Associació Monàrquica Europea i col.laboreu amb nosaltres a la difusió de coneixements profunds sobre la Institució Monàrquica. Europa no sols significa la unió de les nacions europees, sinó també una rica història marcada i forjada pels Monarques europeus. Ells, a través de la Institució Monàrquica, asseguran que els nostres pobles no perdin mai les seves identitats nacionals i el punt de referència, perquè el Rei és factor d'unió, cohesió i estabilitat, servint sempre de contrapunt a una unió política amb un caràcter abtracte que a llarg plaç no podrà tenir en consideració particularitats nacionals o regionals.

L
a Monarquia ens proteix i és la nostra garantía de supervivència. Per això hem de mantenir-la i cuidar-la. Perquè sense la Cronoa, Espanya deixarà d'existir, i d'igual manera sense els Soberans europeus, Europa perdrà la seva raó d'ésser.


jueves, 21 de agosto de 2008

¡La Unión hace la Fuerza!

L'Union fait la Force!

Con el auge de la idea monárquica desde la caída del muro de Berlín y el aparente desmoronamiento del régimen comunista de la URSS, también han ido aumentando los esfuerzos de los enemigos de la Monarquía para contrarrestar los avances experimentados en algunos países como Bulgaria y Rumanía.

Cuanto más se acercaba la posibilidad de una próxima restauración, mayores han sido las manipulaciones de la opinión pública o los escándalos alrededor de alguna Familia Real. Los recientes acontecimientos de todos conocidos son sin lugar a duda resultado de una campaña orquestada dirigida a desestabilizar las Monarquías más firmemente arraigadas del mundo. La prensa amarilla, cuyo único interés es aumentar las tiradas y ganar dinero sin importar a costa de quien, hizo que rumores crearan un ambiente favorable para una crisis profunda en el seno de algunas Familias Reales para convertirla en una auténtica crisis institucional sin base racional.

La Monarquía parece ser un serio obstáculo para las aspiraciones personales o colectivas de muchos gobernantes. Infunde respeto y la sensación de que existe una entidad suprema que evita que se pueda disponer libremente del Estado. Tiene la desventaja de ser débil ante los adversarios, ya que el Rey no debe tomar partido ni por su propia causa si no quiere correr el peligro de ser acusado de extralimitaciones. Esto hace que la institución monárquica represente una presa fácil para astutas maniobras desestabilizadoras.

¿Cuál es la función de los monárquicos ante este panorama?

Los monárquicos, en el pasado prácticamente nunca han sido los salvadores de la Monarquía (S.A.R. el Conde de París dijo en 1977: "Les royalistes ne devraient pas exister"), y si fuera por ellos solos, no se llegaría a restaurar o salvar ninguna Monarquía. La causa principal es la pasividad de la mayoría de los ciudadanos que se consideran monárquicos, la otra frecuentemente la ansia de protagonismo de aquellos que dirigen las organizaciones monárquicas y provocan divisiones internas dispersando las fuerzas que necesariamente tienen que ir unidas. Esa situación es muy pronunciada en Italia y Francia, pero también en países recientemente liberados del yugo comunista como Rusia o Bulgaria, donde los monárquicos están agrupados en muchos círculos distintos perdiéndose la posibilidad de coordinar acciones y estrategias conjuntas.

Hemos llegado a un punto en que debemos reflexionar profundamente sobre nuestra forma de actuar. La situación internacional exige reaccionar rápidamente y elaborar un concepto para poder avanzar. Ninguna organización monárquica puede seguir limitándose a sus fronteras nacionales. La idea monárquica es universal, al igual que es la estrategia que se debe seguir tanto para mantener las Monarquías actuales como para restaurar las que más posibilidades de éxito tienen. Cuanto más universal es una causa, tanto mayor es su razón de causa, pues la causa inferior no es tal sino en virtud de la superior (Liber de Causis, I). La desunión es el mayor favor que los monárquicos podemos hacer a las fuerzas republicanas. La unión de nuestros esfuerzos nos dará mayor entidad a nivel internacional, ayudará a superar reticencias de carácter nacionalista y permitirá usar nuestros medios y conocimientos obteniendo resultados óptimos.

Con el número 5/6 de MONARQUIA EUROPEA se cumplía año y medio de existencia de la publicación. La experiencia nos demuestró que nuestro camino es acertado. Las reacciones de los lectores son reflejo del deseo de encontrar una nueva fórmula que sirva de unión entre todos los monárquicos y de una modernización de la imagen de la Monarquía. A este respecto es importante llegar también a una coordinación con los máximos interesados.

Es el propósito de MONARQUIA EUROPEA de dirigir la mirada hacia el futuro, de presentar la Monarquía como la única forma de organización del Estado moderno capaz de unir el progreso social y económico con un sano entendimiento de la trayectoria histórica de cada país sin caer en demagogias ni manipulaciones. La Monarquía, no cabe duda, aún no ha alcanzado el fin de su desarrollo, más bien no dejará nunca de seguir experimentando cambios en sus manifestaciones externas o su influencia en la sociedad, como, por otra parte, tampoco parece viable su limitación a funciones decorativas. La Monarquía de mañana será distinta de la de hoy y de la de ayer, pero estará más firmemente arraigada con un papel de mayor envergadura si logramos hacer frente a campañas orquestadas y situaciones difíciles. Para ello también es necesario superar la pasividad y la postura de que las Monarquías existentes no necesitan de apoyos activos. Cuando ellas tambaleen, será demasiado tarde. Unámonos, pues, para esa lucha, que si no será la lucha final, con seguridad será la decisiva.

Editorial de Monarquía Europea - Nº 5/6 - Año II - Julio/Diciembre 1992

La Restauración de la Monarquía Brasileña

Hechos históricos y fundamentos teóricos
por Dirk Bovendorp
Juventude Monárquica de Minas Gerais
Brasil (1992)


Nuestra posición defendida en el número 4 de Monarquía Europea (1992) con respecto de los herederos del trono de Brasil fue muy contestada por parte de los seguidores del actual Jefe de la Casa Imperial, Don Luis de Orleans y Braganza (legitimistas). No queremos crear disensiones entre monárquicos, porque nuestro único objetivo común es la restauración de la Monarquía en Brasil. Creemos que el artículo del presidente de la Juventud Monárquica de Minas Gerais es una presentación equilibrada y complementaria a nuestro reportaje anterior y sirve muy bien para convencernos de que los luisistas brasileños no son ni mucho menos fanáticos al estilo de TFP como conocemos esta organización en España. Queremos manifestar, por último, que la cuestión dinástica debe ser resuelta por la propia Familia Imperial. Los monárquicos nos limitamos a apoyar la causa monárquica.

"¡Los señores tendrán que arrepentirse!", profetizó la gloriosa Princesa Isabel, la redentora de los esclavos, al embarcar en el buque Alagoas en dirección al exilio. Ella se dirigía al insignificante grupo de positivistas que promovieron el Golpe militar del 15 de noviembre de 1889 y que impusieron la República en el Brasil sin ninguna consulta al pueblo.

Impuesta la república, el problema inicial consistía en expulsar del Brasil a la Familia Imperial. Inmediatamente fue decretado su embarque a Europa. Don Pedro II fue entonces obligado a dejar la patria antes de la madrugada. de día podría haber habido inconvenientes y necesidad de providencias desagradables para evitar protestas del pueblo.

La humillación a la que fue sometida la Familia Imperial al ser exiliada injustamente del Brasil, dejó sus huellas. La Emperatriz Doña Teresa Cristina no resistió la tristeza de dejar la patria que tanto amaba, y con el agravamiento de sus enfermedades, falleció pocos días después de desembarcar en Portugal.

Así se produjo la ruptura de nuestra honrosa Monarquía y la trágica separación entre el Brasil y la Familia Imperial, en contra de la voluntad del pueblo, dando lugar a la república, instaurada sin ningún compromiso con la Democracia, y en evidente beneficio de los que la promovían.

La visión privilegiada de la Princesa Isabel, ya preparada para asumir el trono, permitió que su profecía fuese confirmada poco después. Bastaron 45 días de república para que nuestra inflación, que durante el Imperio fue de una media del 1,58%, subiese al 11%, y al final del primer año llegase al 41%. Las dificultades de orden político al inicio de la república eran inmensas. la perplejidad causada por el golpe del 15 de noviembre imposibilitó una reacción seria de los elementos extraños o hostiles a la conspiración republicana.

El nuevo régimen, temeroso de que los periódicos continuasen a inducir la revuelta de los cuerpos de guarnición, limita la libertad de prensa (Decreto del 23 de diciembre de 1889), apenas 38 días después del golpe. Ese decreto, por tanto, hizo imposible toda discusión política por parte de la prensa. Y el autoritarismo iba tomando forma ... Basta con decir que durante el Segundo Reinado, al contrario que en la república, la prensa disfrutó de completa libertad para ejercer su misión.

El primer presidente de la república, el alagoano Mariscal Deodoro da Fonseca, abrumado por los problemas financieros, triste sobre el rumbo tomado por la administración, no pudiendo contemporizar con la diversidad de opiniones de los ministros en el seno del gobierno, fue obligado a renunciar nueve meses después de la toma de posesión. De otra forma hubiera sido derrocado por los golpistas mismos en una especie de autofagia positivista, al igual que Robespierre fue guillotinado por la Revolución Francesa.

El gobierno de la Vieja República seguía el rumbo de las convicciones autoritarias de sus gobernantes. El orden se mantenía mediante la represión y el progreso se subordinaba a los caprichos de los presidentes de este período, electos con la insignificante media del 2,35% de la populación. Era una democracia contradictoria sin pueblo, ridícula si no trágica.

Durante nuestra historia republicana, escasos son los momentos en los que los problemas nacionales fueran ajeno a los políticos. Estos en la práctica totalidad, se preocupaban principalmente por defender sus intereses, sus partidos y sus reelecciones. Según Rui Barbosa[i], mientras que el Parlamento del Imperio era una escuela de estadistas, la república era un mostrador para de negocios. ¿Y no parece sintomático la enorme cantidad de candidatos para las próximas elecciones municipales de octubre de 1992?

Conforme constata Monteiro Lobato[ii], la referencia de corrección, moralidad y honradez se desintegró en la república. El ejemplo de austeridad, humanidad y abnegación de nuestros augustos Emperadores cedió a la más repugnante inversión de valores, que se siente incluso hasta el día de hoy, con las sucesivas denuncias de corrupción, de tráfico de influencias y desfalcos de dinero, como demostraron los recientes CPIs.

Desde el golpe positivista, el Brasil dejó de pensar y de tener ideas propias. La revolución republicana fue un atentado contra nuestra verdadera cultura, un gran error al subestimar la capacidad de nuestro pueblo, que se quedó subordinado a desastrosas tentativas de copiar modelos ajenos a nuestra realidad, como queda patente en el plagio del primer texto constitucional.

Estamos ante la única salida pacífica para el restablecimiento del orden moral en Brasil. A ejemplo del éxito español, comprobado recientemente por la magnificencia de los juegos olímpicos de 1992, podemos también restaurar nuestra Monarquía con el plebiscito de 1993. Volver a tener identidad propia y vivir lejos de la ingobernabilidad patológica de la república brasileña. Huir de la inestabilidad política a la que están sometidas las repúblicas como la de Italia o de Francia, y rescatar la grandeza y el respeto digno del Imperio Brasileño.

S.A.I. Don Luis de Orleans y Braganza:

"Brasil se está debatiendo no propiamente en una crisis, pero en una convergencia de crisis de diversa índole - morales, sociales, económicas - que constituyen un único torbellino que agita la nación de punta a punta."



[i].Abogado y periodista, autor del primer decreto de la Constitución de 1898, Ministro de Hacienda en el gobierno del Mariscal Deodoro da Fonseca. Pronunció un emocionante discurso en 1914, en el Senado de la República Brasileña, afirmando estar arrepentido de apoyar el golpe republicano.

[ii].Conocido escritor brasileño que vivía durante el período de transición del Imperio a la República.

Publicado en Monarquía Europea Nº 5/6 - Año II - Julio/Diciembre 1992

La Sucesión a la Corona en la Europa moderna

por Randall J. Dicks (+)
Director de
THE CONSTANTIAN SOCIETY (EE.UU.)


Una antigua fuente de guerra y discordia, que durante generaciones ha sido objeto de incontables debates entre historiadores, está en camino de desaparecer de Europa. Se trata de la Ley Sálica que, tal como se entiende comúnmente, excluye las mujeres de la sucesión a los tronos. De hecho, la germánica Lex Salica aplicada actualmente a la sucesión a la propiedad, no los tronos, pero malentendida y malinterpretada o no, la Ley Sálica llegó a formar parte de la mayoría de las Monarquías europeas, y otras tantas que excluían a las mujeres o los que descendían en línea femenina de la sucesión a poder y títulos. Gran Bretaña ha sido largo tiempo la excepción destacada de la regla - que se reflejó no sólo en muchas Reinas británicas que reinaban por derecho propio, sino también en las antiguas reivindicaciones del trono de Francia.

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comienzos de este siglo, casi todas las Monarquías de Europa - Imperios, Reinos, Gran Ducados, Principados) - observaban la Ley Sálica o alguna forma modificada de ella. A finales del siglo, tal vez ninguna Monarquía europea seguirá la antigua regla. Las Monarquías, en general, se adaptan rápidamente a los cambios de los tiempos y las necesidades.

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as Monarquías de España, el Reino Unido, los Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Noruega, Mónaco y Bélgica permiten todas la sucesión femenina al trono, de una u otra forma.

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a tendencia "moderna" puede que haya comenzado en Dinamarca. El Rey federico IX y la Reina Ingrid tenían tres hijas, pero ningún hijo varón. La Familia Real disfrutaba de una popularidad arrolladora, en parte debido a su ejemplar comportamiento durante la ocupación nazi de Dinamarca, y la mayoría de los daneses pensaban que la hija mayor del Rey, la Princesa Margarita, merecía heredar el trono de su padre.

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e acuerdo con ello, la ley de sucesión de Dinamarca fue modificada en 1953, después de varios años de estudios y un referéndum nacional, y se abandonó la Ley Sálica. La nueva ley hizo que el trono de Dinamarca fuera hereditario para los descendientes del rey Cristian X y la Reina Alejandra, sean varones o hembras, teniendo los varones preferencia ante las hembras de acuerdo con la edad. Como resultado de este cambio, la Princesa Margarita, que entonces tenía 13 años, se convirtió en Princesa Heredera Margarita, heredera presuntiva del trono, desplazando a su tío, el Príncipe Knut, hermano del Rey Federico IX.

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tro país escandinavo llevó este proceso un paso más lejos, esto fue cuando Suecia modificó su ley de sucesión en 1979. Los cambios del Acta de Sucesión preveían que "los descendientes varones y hembras ... del Rey Carlos XVI Gustavo deberían tener el derecho de suceder al trono de Suecia". Esto no acabó sólo con la Ley Sálica, sino eliminó también la preferencia de herederos varones frente a las mujeres. El joven Príncipe Heredero Carlos Felipe fue desplazado por su hermana mayor, que se convirtió en Princesa Heredero Victoria, heredera aparente del trono sueco. [i]

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l tercer acto del drama nórdico se produjo en 1990 en Noruega. La ley noruega no es como la sueca; el primer hijo nacido del monarca será el heredero, sea varón o hembra. Sin embargo, al contrario que el proceso de modificación en Suecia, los noruegos no hicieron la ley completamente retroactiva. El nuevo Rey de Noruega, Harald V, tiene dos hijos, Haakon Magnus y Marta Luisa. Haakon Magnus, más joven que su hermana, es el Príncipe Heredero. La Princesa Marta Luisa es la siguiente en la línea en todo caso (mientras que Haakon Magnus no tenga hijos). Ahora está en manos de los daneses de decidir si quieren conceder a las mujeres la igualdad con los hombres, aunque la cuestión no tendrá mucho significado práctico hasta que el Príncipe heredero Federico o su hermano, el Príncipe Joaquín, tengan hijos.

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a Constitución española firmada por el rey Don Juan Carlos I en 1978 prevé que las mujeres sucedan al trono, aunque los varones tienen preferencia: el Príncipe de Asturias es el primero en la línea de sucesión y después de él vienen sus dos hermanas mayores.

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n los Países Bajos no sólo se permite la sucesión al trono a las mujeres: este país no tenía más que Reinas durante más de cien años, y en 1990 se cumplió el "Siglo de las cuatro reinas". Según la modificación de la Constitución holandesa de 1987, el trono pasa a los descendientes legítimos del último monarca "en orden de edad", sin especificación del sexo.

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os desarrollos más recientes en el "Canto de los Cisnes" de la Ley Sálica se produjeron en Bélgica. La política de la Comunidad Europea favorece la igualdad entre los sexos, lo que en última instancia afecta a la elección de los jefes de estado. En consecuencia se propuso una modificación de la Constitución de 1830, que permitiría que una Reina reinara en el Reino. La sección correspondiente de la Constitución, que preveía la sucesión al trono "de hombre a hombre, en orden de primogenitura y la exclusión perpetua de las mujeres y sus descendientes".[ii] La enmienda fue presentada por el parlamento belga y fue sancionada por el Rey el 21 de junio de 1991.

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l Rey Balduino y la Reina Fabiola de Bélgica no tuvieron hijos. La modificación de la Constitución remite a los descendientes del hermano menor del Rey, el Príncipe Alberto, Príncipe de Lieja, pero no a la hermana mayor del Rey, la Gran Duquesa Josefina Carlota de Luxemburgo, o su gran número de hijos y nietos. El Príncipe Alberto y su esposa, la Princesa Paola, tienen tres hijos: el Príncipe Felipe, 31, la Princesa Astrid, 29, y el Príncipe Lorenzo, 28. Según la ley anterior, el Príncipe Felipe sigue a su padre en el orden de sucesión, y Lorenzo a Felipe, no estando Astrid dentro de la línea sucesoria. Según la modificación, el orden es ahora, después del Príncipe Alberto, Felipe, Astrid y sus hijos, y después Lorenzo.[iii]

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ctualmente, Liechtenstein es la única Monarquía europea que excluye a las mujeres de la sucesión al trono. Esto no sorprende, dado que hasta 1986 las mujeres no tenían ni derecho a voto en Liechtenstein. Sin embargo, un cambio se avecina ya en el horizonte. El Príncipe Juan Adán II es un contemporáneo práctico que quiere que su país esté al paso con la Europa del Siglo XXI. Liechtenstein se convirtió en miembro de las Naciones Unidas en 1990, y las princesas podrían alcanzar plenos derechos dinásticos antes de finalizar el siglo.

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lgunas veces se oye la opinión de que las Monarquías son anticuadas, anacrónicas, demasiado conservadoras y fuera de lugar. La Monarquía es, en realidad, mucho más flexible y responde mucho mejor a los cambios necesarios que la mayoría de las repúblicas en el presente siglo. Después de muchos años se intentos, los Estados Unidos no han sido capaces de llevar a cabo una modificación de su Constitución para establecer la igualdad en derechos, y han sido pocas las mujeres que accedieran a altos cargos. Las Monarquías europeas cuentan con tres Reinas reinantes que suman más de 50 años de experiencia en el trono. Cuatro de las diez Monarquías europeas tienen mujeres tanto en primera como en segunda línea sucesoria. Desde que se lleva a cabo la política de igualdad en derechos de la Comunidad Europea, la Europa monárquica tiene excelentes antecedentes. Las Monarquías, lejos de quedarse atrás, tal como algunos la consideran como instituciones "anticuadas" y "anacrónicas", están tomando la delantera. Como dice el lema del Rey de Suecia, las Monarquías están verdaderamente cambiando "con los tiempos".

[i]. La Princesa Heredera Victoria de Suecia es heredera aparente debido a que la ley sueca concede exactamente los mismos derechos a hombres y mujeres. La Princesa Heredera Margarita de Dinamarca era heredera presuntiva, dado que existía la posibilidad teórica, aunque improbable, de que su padre podría haber tenido un hijo varón que podría haber llegado a ser Príncipe Heredero y heredero aparente en lugar de su hermana mayor. La Reina Isabel II también era heredera presuntiva mientras que reinaba su padre el Rey Jorge VI.

[ii]. Sección 60ª de la Constitución de Bélgica.

[iii]. Generalmente se da por hecho que el Príncipe Alberto renunciaría inmediatamente al trono en favor de su hijo mayo el Príncipe Felipe. Si Astrid llegara alguna vez a ocupar el trono, se crearía una situación interesante, dado que está casada con el Archiduque Lorenzo de Austria-Este, nieto del último Emperador austríaco Carlos I. En efecto, Astrid es, por su matrimonio, Su Alteza Imperial y Real la Archiduquesa Astrid de Austria. Su acceso al trono de Bélgica significaría que la Casa Habsburgo legaría, con el tiempo, a desplazar la Casa Coburgo como dinastía de Bélgica. Ni el Príncipe Felipe ni el Príncipe Lorenzo están casados hasta ahora.


Publicado en Monarquía Europea Nº 5/6 - Año II - Julio/Diciembre 1992